El Ministerio de Asuntos Exteriores de China pidió este lunes “un entorno internacional más estable y predecible” como requisito para concretar la visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín, prevista para la segunda quincena de noviembre. El mensaje, leído por la portavoz Mao Ning, llega tras semanas de tensiones comerciales y militares en el Pacífico y marca el tono de lo que sería el primer encuentro entre ambos mandatarios desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.
“China da la bienvenida al diálogo, pero el diálogo requiere respeto mutuo y la eliminación de acciones unilaterales que perturban la cadena global de suministro”, declaró Mao. Enumeró tres puntos para “encauzar” la relación: frenar nuevos aranceles, retomar el mecanismo de consulta militar y evitar “provocaciones” en el estrecho de Taiwán y el Mar de China Meridional. La funcionaria no confirmó la fecha exacta de la visita, pero fuentes diplomáticas en Washington indican que se trabaja para el 18 de noviembre, tras la cumbre de la APEC en Lima.
La exigencia ocurre luego de que la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. anunciara el 2 de mayo una revisión de aranceles a 180 mil millones de dólares en importaciones chinas, incluidos vehículos eléctricos, baterías y semiconductores. Pekín respondió con una investigación antidumping al copolímero de polietileno de EE. UU. y suspendió compras de maíz y sorgo. El comercio bilateral cayó 11% en el primer trimestre, según aduanas chinas.
En el plano militar, el Pentágono confirmó dos tránsitos de destructores por el estrecho de Taiwán en abril, mientras el Ejército Popular de Liberación realizó ejercicios con fuego real cerca de las islas Matsu. Analistas de la Universidad Renmin señalaron que Pekín busca “poner costos claros” antes de fotografiarse con Trump. “No quieren una visita solo para la campaña de 2026 en EE. UU.”, explicó el académico Shi Yinhong.
La Casa Blanca respondió que “el presidente Trump está listo para reunirse cuando sea productivo” y reiteró su política de “paz mediante la fuerza”. El secretario de Estado, Marco Rubio, viajará a Tokio y Seúl la próxima semana para coordinar postura.
Empresarios de ambos países presionan por la reunión. La Cámara de Comercio de EE. UU. en China advirtió que el 62% de sus miembros ha pospuesto inversiones por la incertidumbre. El encuentro, de realizarse, sería el primero de un presidente estadounidense en Pekín desde 2017 y definiría la ruta del vínculo bilateral en medio de la carrera tecnológica y la reorganización de cadenas productivas.
Por ahora, China marca su línea: sin estabilidad, no habrá recepción en el Gran Palacio del Pueblo.





