Las intensas lluvias que han caído sobre Campeche en los últimos días encendieron las alertas entre autoridades culturales y especialistas, ante los posibles daños en templos históricos del estado. Edificaciones de los siglos XVI al XIX, muchas construidas con materiales como piedra de sascab y mampostería, son especialmente vulnerables a la humedad prolongada, las filtraciones y el escurrimiento de agua.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, informó que ya se realizan recorridos de inspección en inmuebles ubicados en la capital y en municipios del interior. Entre los recintos bajo observación están la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, la Iglesia de San Francisco y varias capillas rurales que forman parte del patrimonio religioso de la entidad. Hasta ahora no se reportan colapsos estructurales, pero sí se detectaron goteras, humedades en muros y afectaciones en recubrimientos de cal.
Especialistas explicaron que el mayor riesgo para estos templos no es solo la lluvia directa, sino la acumulación de agua en azoteas, desagües obstruidos y cimentaciones que absorben humedad por capilaridad. Esa condición puede debilitar a mediano plazo los muros y provocar desprendimientos de aplanados, pintura mural y elementos decorativos. En zonas costeras, la combinación de lluvia y salinidad acelera el deterioro.
Párrocos y comités de mayordomía de varias comunidades han comenzado labores preventivas: colocan lonas en techumbres dañadas, limpian bajantes y retiran vegetación que crece entre las piedras. Vecinos de Hecelchakán y Calkiní señalaron que estos templos son el centro de la vida comunitaria y pidieron apoyo urgente para su mantenimiento.
El INAH reiteró que cuenta con un programa de conservación preventiva y llamó a reportar cualquier daño visible. También pidió a la población evitar intervenciones con materiales modernos como cemento, ya que pueden agravar los problemas de humedad en construcciones antiguas.
Las autoridades mantienen monitoreo permanente ante el pronóstico de más precipitaciones. Para los campechanos, estos templos no son solo monumentos: son testigos de siglos de historia y fe. Protegerlos de las lluvias se volvió una prioridad para que las próximas generaciones sigan encontrando en ellos su identidad y memoria colectiva.






