El gobierno de Brasil exigió este viernes a la FIFA y a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) una acción urgente ante la ola de racismo y discurso de odio registrada durante el Mundial 2026.
En una carta conjunta enviada por la Cancillería y el Ministerio de Igualdad Racial al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Brasil pidió que se refuercen los protocolos de sanción en estadios y en plataformas digitales.
La exigencia llega después de que la propia FIFA reconociera un repunte histórico de abusos. Según el organismo, su Servicio de Protección de Redes Sociales (SMPS) detectó 89.000 publicaciones ofensivas solo durante la fase de grupos, lo que supone un aumento de 13 veces respecto al Mundial de Qatar 2022. 1342
Los insultos racistas representaron el 11% de todos los mensajes ofensivos, un aumento del 3% respecto a 2022, lo que la FIFA calificó como «un aumento significativo del contenido objetivamente peor y más ofensivo». 1342
En total, el sistema ha revisado más de 3,8 millones de publicaciones en este torneo y ha eliminado 388.000 por su carácter dañino, cifra que ya supera todo lo eliminado en Qatar. Desde su creación, el SMPS ha revisado 250 millones de publicaciones y bloqueado 30 millones.
Brasil, cuyo delantero Vinícius Jr. ha sido uno de los jugadores más atacados en redes y en estadios en los últimos dos años, fue el primero en estrenar el nuevo gesto antirracista de la FIFA —cruzar los brazos a la altura del pecho— y ha impulsado la nueva regla que castiga con roja directa a jugadores que se tapen la boca durante confrontaciones para proferir insultos.
«El fútbol no puede ser tierra sin ley para el racismo. Si la FIFA tiene tecnología para medir el fuera de juego milimétrico, debe tener la misma firmeza para castigar el racismo. No queremos más campañas simbólicas, queremos suspensiones de partidos, pérdida de puntos y responsabilidad de las plataformas», dijo la ministra Anielle Franco.
El gobierno brasileño solicitó tres medidas concretas:
- Activación obligatoria del protocolo de tres pasos (pausa, suspensión temporal y suspensión definitiva) en todos los estadios sede cuando se detecten cánticos racistas.
- Que la ONU-DH acompañe como observadora la labor del SMPS y que se remitan a fiscalías nacionales las 1.000 cuentas que la FIFA ya identificó para investigación exhaustiva.
- La reinstauración de las campañas antidiscriminación en pantallas y brazaletes, que habían sido retiradas al inicio del torneo.
La FIFA respondió que el jueves, con motivo del Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, los capitanes intercambiaron banderines con el lema «Jugamos juntos. Nos oponemos al odio» y reforzó su Código Disciplinario.
Amnistía Internacional y otras 40 organizaciones también han advertido que este ya no es un Mundial de «riesgo medio» y han pedido garantías contra perfiles raciales y abusos migratorios, especialmente en sedes de Estados Unidos.






