Venezuela enfrenta una de sus peores tragedias en más de un siglo. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el norte del país el miércoles 24 de junio de 2026 dejan un saldo oficial de 920 muertos, 3,360 heridos y más de 50,000 personas desaparecidas, según confirmaron el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y el jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher.
El epicentro se ubicó a unos 160 km al oeste de Caracas, pero el estado más golpeado fue La Guaira, donde decenas de edificios colapsaron “como castillos de naipes” y quedaron reducidos a montañas de escombros. En Caracas también se reportaron desplomes. Morón, cerca del epicentro, permanecía sin electricidad el viernes, lo que complica las labores de rescate en un puerto clave, una refinería y un complejo petroquímico.
La búsqueda de sobrevivientes se volvió una carrera contra el tiempo. Rescatistas, militares y voluntarios remueven escombros con maquinaria pesada y con sus propias manos, mientras familiares excavan entre ruinas gritando nombres. “Aquí estamos enardecidos, necesitamos ayuda, hay gente viva y no dan las manos ni las herramientas”, denunció Marlon Ochoa, sobreviviente en La Guaira. Pobladores denuncian escasa presencia de cuerpos oficiales y saqueos en comercios de Catia La Mar por la desesperación ante la falta de alimentos.
El gobierno militarizó La Guaira y restringió el acceso para facilitar las operaciones. Más de 1,600 rescatistas de 30 países, con 100 perros de búsqueda, ya están en el terreno o en camino. Entre ellos, equipos de El Salvador, México, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, España y Suiza.
La ONU estima que hasta 6.76 millones de personas podrían verse afectadas, con dos millones solo en Caracas. Los daños directos rondan los 6,700 millones de dólares. El Servicio Geológico de http://EE.UU. advirtió que la cifra de víctimas podría superar las 10,000, situando los sismos entre los más mortales de América Latina del siglo.
Mientras continúan las más de 300 réplicas registradas, la prioridad es hallar sobrevivientes. “Las primeras horas y días después de un desastre son decisivos”, recordó Amy Pope, directora de la OIM.






