A 58 años de distancia, Veracruz volvió a encender la memoria. La mañana de este lunes, el fuego olímpico regresó simbólicamente al Zócalo del puerto para conmemorar uno de los episodios más significativos del deporte mexicano: la llegada de la llama que alumbraría los Juegos de la XIX Olimpiada, México 1968.
Fue el 6 de octubre de 1968, a las 15:00 horas, cuando la bahía de Veracruz se convirtió en la puerta de entrada del olimpismo al continente americano. El buque Durango, de la Armada de México, escoltado por el cañonero Guanajuato, arribó a aguas veracruzanas tras haber cruzado el Océano Atlántico siguiendo la histórica Ruta de Colón, desde la isla de San Salvador, en las Bahamas, y procedente de Grecia.
A bordo viajaba la llama olímpica, encendida en Olimpia. Pero el desembarco no sería convencional. A varios kilómetros de la costa, la antorcha fue entregada en altamar para iniciar un inédito relevo acuático. Diecisiete nadadores veracruzanos, seleccionados para representar a cada estado del país con litoral, se lanzaron al mar del Golfo de México para conducir el fuego por relevos hasta tierra firme.
El primer antorchista en recibirla en el agua fue el médico veterinario e investigador Sergio Castellanos Ruelas, pionero de la ganadería tropical en el Campo Experimental Cotaxtla, fallecido en 2022. El último tramo, el que hizo historia, correspondió a Eduardo Moreno Loyo, entonces capitán de la selección nacional de natación, quien a nado llevó la llama hasta la playa y la puso por primera vez en suelo americano.
De acuerdo con los archivos de la época, Moreno Loyo entregó el fuego al entonces subsecretario de Marina, el almirante Antonio Vázquez del Mercado, quien a su vez lo pasó al primer relevo terrestre, el también veracruzano Román Puriel García. A partir de ahí, cerca de un centenar de atletas condujeron la antorcha desde el Malecón hasta el estadio Luis “Pirata” de la Fuente, donde el joven Carlos Díaz Vega tuvo el honor de encender el pebetero ante miles de veracruzanos. Aquella misma tarde, la llama fue llevada al Zócalo porteño, donde fue izada en un balcón del Palacio Municipal y encendida por la joven griega María Mosxoliou, en medio de una verbena popular.
La conmemoración de este lunes recuperó ese espíritu. El Ayuntamiento de Veracruz, encabezado por la alcaldesa Rosa María Hernández Espejo, organizó un acto cívico en el Zócalo con el encendido de un pebetero simbólico. Al evento asistieron familiares de los nadadores originales, atletas veteranos y ciudadanos que en 1968 fueron testigos del acontecimiento. Entre los presentes estuvo Eduardo Moreno Loyo, hoy de 84 años, quien es considerado el último vínculo vivo con aquella jornada.
Como parte del programa conmemorativo, esta mañana se realizó un desfile cívico-deportivo del parque Zamora al Zócalo, a las 9:00 horas, y se anunció que Moreno Loyo ofrecerá una conferencia magistral el próximo viernes a las 10:30 horas en el Club Deportivo Veracruzano, donde narrará detalles inéditos de aquel relevo, realizado bajo una fuerte vigilancia militar, a solo cuatro días de los hechos de Tlatelolco.
Tras el acto en Veracruz, el fuego simbólico continuará su recorrido. Mañana 7 de octubre, el municipio de Xalapa replicará la ceremonia en el parque Juárez y el Estadio Xalapeño Heriberto Jara Corona, por donde en 1968 pasó la llama en su camino a la Ciudad de México, donde finalmente encendería el pebetero del Estadio Olímpico Universitario el 12 de octubre.
A 58 años, Veracruz no solo recuerda una fecha deportiva. Recuerda el momento en que se convirtió en protagonista de la historia olímpica mundial, en el primer punto de América que tocó el fuego de Olimpia.






