La asistencia de Donald Trump a la Final de la NBA entre Oklahoma City Thunder e Indiana Pacers provocó el despliegue de seguridad más grande que se haya visto en una final de basquetbol en Estados Unidos. El ex presidente ocupó una suite en el Paycom Center y su presencia activó protocolos especiales del Servicio Secreto, FBI y policía local.
Desde horas antes del salto inicial, las inmediaciones del estadio fueron cerradas. Se instalaron filtros de revisión, drones de vigilancia, francotiradores en azoteas y bloqueos viales en un perímetro de 8 cuadras. Aficionados reportaron retrasos de hasta 90 minutos para ingresar, con revisiones más estrictas que en partidos de playoffs.
“Fue como entrar a un aeropuerto internacional. Perros, detectores, revisión de bolsos dos veces. Nunca había visto algo así en una Final”, comentó un aficionado de Indiana.
El operativo incluyó el cierre temporal del espacio aéreo sobre el estadio y la suspensión de vuelos de drones recreativos. Las autoridades justificaron las medidas por el nivel de amenaza y por ser la primera vez que Trump asiste a un juego de campeonato de la NBA desde que dejó la presidencia.
Dentro del Paycom Center, el ambiente fue dividido. Una parte de la afición lo ovacionó cuando apareció en pantalla, mientras otros sectores lo abuchearon. Trump saludó desde su palco y permaneció durante los tres primeros cuartos antes de retirarse sin dar declaraciones.
La NBA informó que coordinó el operativo con las autoridades federales “para garantizar la seguridad de jugadores, staff y asistentes”. Analistas señalan que el despliegue marcó un precedente: nunca antes una figura política había generado tanto movimiento logístico en una Final.
Thunder ganó el juego 3, pero el tema de la noche fue la seguridad. Para muchos, el basquetbol quedó en segundo plano.




