El agua subterránea que abastece al 70% de Jalisco se agota a un ritmo insostenible. De los 59 acuíferos registrados por la Conagua, 35 presentan déficit: se extrae más agua de la que se recarga cada año, confirmó la Comisión Estatal del Agua. Los casos más críticos son Atemajac y Toluquilla, que surten a la Zona Metropolitana de Guadalajara y cuyo abatimiento ya compromete el consumo humano, agrícola e industrial.
La sobreexplotación no es el único factor. Especialistas de la Universidad de Guadalajara advierten que miles de pozos clandestinos operan sin medidores ni concesiones, sacando “dos o tres veces más agua” de lo permitido. “Nadie los regula porque son ilegales. La Conagua no sabe cuántos hay, pero son muchísimos”, señaló Josué Sánchez Tapetillo, experto en gestión hídrica. La falta de vigilancia, sumada al cambio climático y a la urbanización sin planeación, acelera el colapso.
El impacto ya se ve en la superficie: manantiales históricos se secan y veneros que antes alimentaban ríos ahora se tiran al drenaje. “¿Cuántos veneros se echan al drenaje? ¿Cuántos proyectos hay para retener esos caudales?”, cuestionó José Antonio Gómez Reyna, investigador del CUCEI. En zonas rurales, productores reportan que norias centenarias amanecen vacías y que el nivel dinámico de los pozos baja hasta un metro por año.
Ante la emergencia, el Gobierno de Jalisco anunció el Programa Estatal de Recarga de Acuíferos, el primero de su tipo en México, que arranca en 2026. El plan piloto en el Bosque La Primavera busca infiltrar 15 millones de metros cúbicos de agua de lluvia al subsuelo mediante soluciones basadas en la naturaleza y obras de captación pluvial. La estrategia contempla intervenir al menos nueve microcuencas para “convertir la evidencia científica en acciones de gobierno”, dijo Karina Hermosillo, coordinadora de Gestión del Territorio.
Mientras tanto, el desabasto ya golpeó el inicio de año: en enero, 892 colonias del AMG se quedaron sin agua por 13 horas debido a mantenimiento urgente en las plantas Miravalle y Las Huertas. Organizaciones civiles convocaron a protestas en marzo para exigir “agua limpia, no más obras mundialistas”, tras denuncias de agua turbia y maloliente.
Expertos insisten: sin frenar la sobreexplotación, clausurar pozos ilegales y recargar los acuíferos, la crisis será equiparable a la que se vivió con el oxígeno medicinal. “El desabasto continuará mientras no calculemos cuánta agua puede aportar una cuenca antes de construir sobre ella”, concluyó Gómez Reyna.






