PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Tras recientes bombardeos dirigidos a instalaciones estratégicas de Irán por parte de Estados Unidos e Israel, el presidente iraní Masoud Pezeshkian ordenó este miércoles suspender toda colaboración con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), encargado de supervisar los programas nucleares a nivel global.
Aunque la orden no incluye detalles específicos sobre los alcances de esta decisión, el Ministerio de Relaciones Exteriores señaló que Irán mantiene una postura abierta a la diplomacia, aunque por el momento no contempla reiniciar el diálogo con Washington.
El canciller iraní Abbas Araghchi declaró que no hay condiciones para un acercamiento inmediato, a pesar de recientes comentarios del expresidente estadounidense Donald Trump. «Las puertas de la diplomacia no están cerradas, pero no esperamos negociaciones en el corto plazo», comentó.
Históricamente, Teherán ha restringido el acceso del OIEA a sus instalaciones como forma de presión política. En esta ocasión, la medida se respalda en una ley del Parlamento iraní que fue ratificada recientemente por el Consejo de Guardianes, permitiendo frenar temporalmente las inspecciones y revisiones técnicas del organismo.
La televisión estatal iraní informó que la suspensión se mantendrá vigente hasta que se garanticen condiciones de seguridad para sus instalaciones y científicos del área nuclear. No se ha descartado que la medida evolucione, dependiendo de la respuesta internacional.
La decisión generó inmediata condena por parte de Israel. El canciller Gideon Saar calificó la medida como «una ruptura con los compromisos nucleares internacionales» y pidió a los países europeos activar sanciones contra Teherán.
Aunque Irán ha negado intenciones de fabricar armas nucleares, el OIEA y agencias de inteligencia occidentales han expresado preocupaciones sobre el nivel de enriquecimiento de uranio en el país, que ha alcanzado hasta el 60%, apenas por debajo del umbral necesario para fines militares.
Esta escalada ocurre tras los ataques israelíes del pasado 13 de junio, que afectaron tanto a instalaciones militares como a infraestructuras relacionadas con el programa nuclear. Los bombardeos también causaron la muerte de altos mandos de la Guardia Revolucionaria.
Con esta decisión, Irán no abandona formalmente el Tratado de No Proliferación Nuclear, pero sí reduce de manera significativa el nivel de supervisión internacional sobre su actividad atómica, lo que eleva las tensiones en Medio Oriente y plantea nuevos retos a la seguridad global.






