Un día como hoy, pero de 1524, llegaron al puerto de Veracruz los primeros doce frailes franciscanos enviados por el Papa Adriano VI y el rey Carlos I de España para iniciar la evangelización organizada en el territorio de la Nueva España. El grupo, conocido como los “Doce Apóstoles de México”, desembarcó en San Juan de Ulúa y fue recibido por Hernán Cortés, quien había solicitado religiosos para “doctrinar en la fe” a los pueblos originarios tras la caída de Tenochtitlan.
Encabezados por fray Martín de Valencia, los misioneros descalzos venían de la provincia de San Gabriel, en Extremadura. Caminaron descalzos y sin más pertenencias que sus hábitos y breviarios desde el puerto hasta la Ciudad de México, trayecto que duró 19 días. A su paso fundaron las primeras doctrinas y aprendieron náhuatl, otomí y purépecha para predicar. Su llegada marcó el inicio formal de la Iglesia católica en México y del sistema de misiones que derivó en conventos, hospitales y escuelas.
Los doce eran: Martín de Valencia, Francisco de Soto, Martín de la Coruña, Juan Juárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente “Motolinía”, García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Jiménez, Andrés de Córdoba y Juan de Palos. Entre 1524 y 1536 levantaron los conventos de Texcoco, Tlaxcala, Huejotzingo, Cuernavaca y Puebla, y redactaron los primeros catecismos en lenguas indígenas.
Motolinía, que significa “el pobre” en náhuatl, escribió en su “Historia de los Indios de la Nueva España” que a su llegada fueron recibidos por Cortés de rodillas, quien les besó las manos y el hábito como señal de respeto. El conquistador ordenó que todos los españoles hicieran lo mismo para dar ejemplo a los naturales.
En Veracruz, el Instituto Nacional de Antropología e Historia colocó en 2024 una placa conmemorativa en el malecón, cerca de donde se cree que pisaron tierra firme. Este viernes, la Diócesis de Veracruz celebrará una misa en la Catedral y una procesión con réplicas de las efigies de los doce frailes, que recorrerá la avenida Independencia hasta el baluarte de Santiago.
Cronistas señalan que la labor de los franciscanos fue clave para registrar códices, tradiciones y lenguas que de otro modo se habrían perdido. También introdujeron el trigo, la manzana y técnicas de construcción europeas. A 502 años, su legado permanece en templos, fiestas patronales y vocablos que mezclan el español con las lenguas originarias en todo el país.






