El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Comisaría General de Información detectaron a agentes de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), el servicio de inteligencia interior de Marruecos, infiltrados entre los miles de migrantes que cruzaron a nado a Ceuta el jueves.
Fuentes de la lucha antiterrorista citadas por El País y Cadena SER confirmaron que al menos una decena de personas identificadas entre los 50,000 que irrumpieron por el espigón del Tarajal tenían credenciales de las Fuerzas Auxiliares y de la DGST. Fueron devueltos a Marruecos en las primeras 48 horas junto con 48,300 migrantes, sin que se levantara acta para no enturbiar la relación bilateral.
La presencia de agentes encubiertos encaja con la tesis que maneja Interior: la avalancha no fue espontánea. Aunque el ministro Fernando Grande-Marlaska insistió en que Marruecos es «un socio totalmente fiable» y atribuyó la crisis a mafias y a la difusión en TikTok de la sentencia del Supremo que prohíbe devoluciones en caliente a quienes entran a nado, los servicios españoles no recibieron ningún aviso previo de Rabat.
Es el mismo patrón de mayo de 2021, cuando 10,000 marroquíes cruzaron tras la hospitalización en Logroño de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Entonces el CNI concluyó en un informe reservado de 4 páginas que Marruecos usó la migración para presionar a España por el Sáhara Occidental.
Ahora las hipótesis son múltiples: el acercamiento de Pedro Sánchez a Argelia, la ley que concederá nacionalidad a saharauis nacidos bajo administración española, el estatuto de Gibraltar y hasta la disputa por la sede de la final del Mundial 2030, que ambos países coorganizan.
Mientras se instala la barrera flotante neumática de 500 metros en Tarajal para convertir el nado en «superación de elemento fronterizo» y poder devolver legalmente, España ha desplegado al Ejército y mantiene 69,500 retornos contabilizados. Al menos 67 cuerpos han sido recuperados en el lado español y 17 más, según medios locales, en el marroquí.


