El son cubano volvió a adueñarse del Centro Histórico. Eliades Ochoa, leyenda viva de Santiago de Cuba y miembro original del Buena Vista Social Club, llenó la noche de este jueves el Teatro Metropólitan con un concierto que convirtió butacas y pasillos en pista de baile.
En punto de las 20:40 horas, el quinteto subió al escenario y Ochoa, con su inseparable sombrero y guitarra, desató la ovación. “¡Eres un maestro!”, le gritaron desde luneta. El músico sonrió: “Me siento más como un alumno avanzado de los viejos trovadores santiagueños”.
El repertorio fue un viaje por la raíz del son y la trova: Chan Chan hizo cantar a todo el recinto; siguieron Pajarito voló, Un negrito en La Habana y una versión instrumental de Quizás, quizás que arrancó suspiros. No faltaron Qué sabroseao, Volver, Se soltó un león, El carretero, Si sabes bailar mi son, El cuarto de Tula, Vamos a alegrar el mundo y Ay mamá qué bueno, entre boleros y guajiras que encendieron el ambiente.
A más de una década de su última visita, Ochoa demostró que su voz y su guitarra siguen intactas. Entre tema y tema contó anécdotas de sus inicios y recordó a sus maestros. El público, mexicano y cubano, respondió con palmas, coros y pasos de baile que rompieron la timidez de las filas.
“Este guajiro no quedó a deber nada”, comentaban a la salida. Ochoa ha llevado su música por América Latina y Europa, y ha colaborado con Luis Eduardo Aute, Armando Manzanero, Pablo Milanés y Charlie Musselwhite, entre otros. Su defensa de la tradición sonera le ha valido múltiples Latin Grammy.
La velada del 1 de mayo transformó los ánimos en el Metropólitan: el son cubano alivió la cotidianidad con acordes que son patrimonio de la isla y del continente. Eliades Ochoa celebró así su vida, muy a su estilo, y dejó claro que el son sigue tan vivo como el día que nació en las lomas de Santiago.






