PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | China y Japón iniciaron 2026 con una renovada escalada retórica que vuelve a poner en evidencia una relación marcada por la desconfianza histórica, el peso del pasado bélico y la competencia estratégica en Asia Oriental. En el centro del nuevo desencuentro se encuentran viejas heridas: la ocupación japonesa en China durante el siglo XX, el papel militar de Tokio en la región, la disputa en torno a Taiwán y un delicado equilibrio de poder económico y político.
Durante la primera semana del año, Beijing intensificó sus críticas contra Japón, al tiempo que mostró un acercamiento visible hacia Corea del Sur, otro actor clave en el tablero regional. Desde advertencias sobre supuestos riesgos para ciudadanos chinos en territorio japonés hasta acusaciones de un resurgimiento del militarismo nipón, el tono del gobierno chino se endureció notablemente frente a Tokio.
Japón, señalado por “amenaza militar”
El episodio más reciente se remonta a noviembre, cuando la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró que Japón no descartaría intervenir militarmente si China actuaba contra Taiwán. Aunque las Fuerzas de Autodefensa japonesas tienen un mandato constitucional limitado, la declaración fue interpretada en Beijing como una provocación directa.
“El señalamiento de la primera ministra japonesa sobre Taiwán infringe la soberanía y la integridad territorial de China, interfiere gravemente en nuestros asuntos internos y constituye una amenaza militar”, afirmó la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, tras recientes ejercicios militares alrededor de la isla.
Este tipo de lenguaje no es inusual en la diplomacia china, que de manera recurrente exige a Japón “reflexionar sobre su historia” y corregir su rumbo. Sin embargo, la retórica va más allá de lo simbólico y se traduce en acciones concretas, muchas veces difíciles de separar entre reclamos genuinos y mensajes dirigidos al consumo político interno.
Un pasado que no termina de cerrarse
La desconfianza entre ambas naciones se remonta a 1895, cuando Japón colonizó Taiwán tras derrotar a la dinastía Qing. Décadas después, la ocupación japonesa de amplias zonas de China dejó una estela de violencia, torturas y muertes que siguen marcando la memoria colectiva china.
Aunque Japón renunció oficialmente a su capacidad ofensiva tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial y la adopción de una constitución pacifista redactada bajo supervisión estadounidense, cualquier señal de fortalecimiento militar sigue generando alarma en Beijing. A ello se suman disputas territoriales persistentes, como las islas Diaoyu —Senkaku para Japón—, que periódicamente avivan la confrontación.
Restricciones comerciales y presión económica
Esta semana, China dio un paso más al imponer restricciones a las exportaciones de bienes de “doble uso” hacia Japón, es decir, productos que podrían adaptarse a fines militares. Aunque Beijing no detalló qué artículos están incluidos, la ambigüedad permite ajustar la medida según el clima político, abarcando desde tecnología avanzada hasta materiales estratégicos.
Tokio reaccionó con firmeza, calificando la decisión como “profundamente lamentable” y contraria a las prácticas internacionales. La tensión comercial se intensificó con el inicio de una investigación china por presunto dumping de diclorosilano japonés, un insumo clave en la fabricación de semiconductores.
Paralelamente, medios oficiales chinos sugirieron la posibilidad de restringir exportaciones de tierras raras a Japón, un movimiento con alto impacto geopolítico dada la dependencia japonesa de estos insumos.
Acusaciones sobre ambiciones nucleares
El jueves, una asociación china vinculada al control de armas publicó un informe titulado “Ambiciones nucleares de las fuerzas de derecha de Japón”, en el que acusa a Tokio de albergar aspiraciones nucleares que representarían una amenaza para la paz mundial.
El documento insiste en que Japón no ha superado completamente su pasado militarista y advierte que permitir el desarrollo de armas ofensivas —o nucleares— podría “traer nuevamente el desastre al mundo”.
El contraste: acercamiento con Corea del Sur
Mientras la relación con Japón se deteriora, China mostró un giro diplomático hacia Corea del Sur, cuyo presidente realizó una visita de cuatro días a Beijing. La agenda incluyó acuerdos en comercio, tecnología, medio ambiente y transporte, además de la firma de contratos por más de 40 millones de dólares.
Los medios estatales chinos destacaron la visita como un ejemplo de cooperación regional, e incluso subrayaron que Corea del Sur superó a Japón como principal destino de vuelos desde China durante el Año Nuevo, en un contexto en el que Beijing ha desalentado los viajes a territorio japonés por supuestos riesgos de seguridad.
Un conflicto sin salida inmediata
Por ahora, la confrontación entre China y Japón se mantiene en el terreno político y diplomático. Sin embargo, el contexto regional —marcado por el respaldo de Estados Unidos a Japón y el creciente apoyo militar a Taiwán— reduce los márgenes para una desescalada rápida.
Analistas advierten que, con canales diplomáticos limitados y agendas internas dominando la toma de decisiones, la posibilidad de regresar al statu quo es cada vez más incierta. La historia compartida, cargada de agravios no resueltos, sigue siendo un factor determinante en una relación que parece lejos de estabilizarse.






