Entre la selva maya y los humedales de la Península, Campeche se mantiene como uno de los pocos estados de México donde aún es posible observar tucanes en su hábitat natural. La presencia de estas aves de pico colorido convierte a la entidad en un punto clave para el ecoturismo y la conservación de especies tropicales.
En la Reserva de la Biosfera de Calakmul y en la región de Los Petenes, el tucán pico de canoa, Ramphastos sulfuratus, encuentra alimento, refugio y sitios de anidación. Expertos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas señalan que la combinación de selva alta, mediana y manglares favorece la supervivencia de la especie, hoy clasificada como amenazada por la pérdida de hábitat en otras zonas del país.
Guías locales de comunidades como Conhuás y Zoh Laguna reportan avistamientos frecuentes durante las primeras horas del día. Los recorridos de observación de aves se han vuelto una actividad económica para ejidatarios que antes dependían de la tala o la caza. “El tucán nos da más ingresos vivo que muerto. Los turistas vienen solo para verlo y tomarle fotos”, explica un guía certificado de Calakmul.
La Secretaría de Medio Ambiente, Biodiversidad, Cambio Climático y Energía de Campeche impulsa programas de monitoreo comunitario. Con apoyo de cámaras trampa y bitácoras, se ha registrado un ligero aumento en las poblaciones de tucanes en los últimos tres años. Sin embargo, los especialistas advierten que los incendios forestales, la expansión agrícola y el tráfico ilegal de fauna siguen siendo riesgos latentes.
Para protegerlos, el estado promueve corredores biológicos que conectan Calakmul con Belice y Quintana Roo, permitiendo el libre desplazamiento de las aves. También se realizan talleres en escuelas rurales para que niñas y niños identifiquen al tucán como parte del patrimonio natural campechano.
Tour operadores recomiendan visitar entre noviembre y mayo, cuando la actividad de las aves es mayor y las lluvias son escasas. Además del tucán pico de canoa, en la región habita el tucancillo collarejo, más pequeño pero igual de vistoso.
Con su selva bien conservada y su apuesta por el turismo sustentable, Campeche se consolida como un santuario donde el vuelo de los tucanes todavía pinta de color el dosel de la selva maya.






