Arsenal volvió a tocar el cielo de la Premier League. Los Gunners celebraron su primer título de liga desde 2004, cuando aquel equipo de “Los Invencibles” marcó una era. Más de dos décadas después, el Emirates estalló en júbilo, pero la celebración tuvo un sabor agridulce para jugadores y afición.
El título se confirmó tras una temporada intensa donde el equipo de Mikel Arteta compitió de tú a tú con los gigantes del fútbol inglés. La solidez defensiva, el renacer de jóvenes como Saka y la experiencia de líderes dentro del vestidor fueron claves. Sin embargo, la alegría se mezcló con nostalgia y autocrítica: el camino tuvo tropiezos que pudieron costar la corona antes de tiempo.
La afición inundó las calles de Londres con camisetas rojas y cánticos que no se escuchaban desde la era de Thierry Henry y Patrick Vieira. Banderas, fuegos artificiales y lágrimas de veteranos que esperaron 21 años para volver a gritar “campeón”. Para muchos, fue más que un trofeo: fue cerrar una herida abierta desde aquella campaña perfecta.
Pero el sabor agridulce viene de cómo se dio el cierre. Arsenal dependió en las últimas jornadas de resultados ajenos y dejó puntos en partidos que parecían ganados. Esa irregularidad dejó la sensación de que el título se logró más por resiliencia que por dominio absoluto. Arteta lo reconoció en rueda de prensa: “Estamos orgullosos, pero sabemos que podemos ser un equipo más contundente”.
En el vestidor hubo abrazos, cantos y lágrimas. Los veteranos del club hablaron de justicia histórica, mientras los jóvenes prometieron que esta es solo la primera de muchas. La directiva ya planea refuerzos para defender la corona.
Arsenal es campeón de la Premier 2025-2026. La fiesta fue enorme, pero todos saben que para borrar por completo el “agridulce” tendrán que demostrar que esta era apenas comienza.






