PODER & CRÍTICA | REDACCIÓN | El tablero político de Quintana Roo asiste a una de sus puestas en escena más cínicas protagonizada por «La Mafia Verde» con el registro de la diputada Alexa Murguía Trujillo como supuesta aspirante a la Coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, porque detrás del discurso oficialista de la legalidad y la «fiesta democrática», la realidad es cruda: la presidenta de la Comisión de Educación en el Congreso local ha asumido formalmente el papel de «palera» y comodín de los verdes, el grupo gangsteril que ha secuestrado las instituciones del estado para su propio beneficio económico y político, como lo ha demostrado y documentado este medio.
En el argot político, un «palero» es aquel que se presta a una simulación para legitimar el juego de otro. Alexa Murguía encaja a la perfección en este perfil dentro del proceso interno de la alianza oficialista por tres razones críticas: su sorpresivo e injustificado registro en la Ciudad de México, operado bajo un estricto hermetismo mediático que no busca competir contra los verdaderos punteros de Morena. Su única función es rellenar la boleta de las encuestas para dar una falsa impresión de apertura democrática, avalar el proyecto verde de Eugenio Gino Segura y Ana Paty Peralta.
Y es que la Diputada que es manipulada por el líder estatal de «la Mafia Verde», Renán Sánchez Tajonar, funciona como un peón útil para cumplir de manera artificial con los bloques de paridad de género exigidos por la ley electoral, protegiendo las negociaciones cupulares de la coalición a la que enfermaron y la tiene en etapa terminal pues el pueblo ya no quiere a «La Mafia Verde» incrustada en Morena.
Alexa no puede simular que como legisladora de la XVIII Legislatura, ha utilizado su curul no para representar a los quintanarroenses, sino para levantar la mano de manera sistemática en favor de las reformas que convienen a «La Mafia Verde» convirtiéndose en el brazo legislativo de un aparato de simulación porque la carrera de Alexa Murguía Trujillo no se explica por el liderazgo social, sino por su absoluta subordinación a mafia que comanda Sánchez Tajonar en el estado, y que es servil a su amo el Capo Mayor, Jorge Emilio González el «Niño Verde».
Por ello podemos afirmar con toda claridad que su complicidad la sitúa directamente como cómplice de sus dinámicas más oscuras y que su inscripción es la pistola que el Partido Verde le pone en la cabeza a Morena de cara a las elecciones de 2027; usan a la diputada como moneda de cambio para extorsionar a sus aliados y exigir alcaldías clave como Cancún, diputaciones federales y el control de secretarías con presupuestos millonarios.
Como hemos documentado, desde el Congreso, Murguía ha operado como un escudo de impunidad. Mientras la opinión pública y los empresarios denuncian el uso de brazos financieros estatales como el SATQ como herramientas de presión política y extorsión, la diputada ha mantenido un silencio sepulcral, blindando las áreas señaladas de corrupción a cambio de favores políticos para su grupo.
La faceta de corrupción de la legisladora no solo se mide en dinero, sino en la degradación de la representación pública, porque Murguía Trujillo encarna a la perfección los vicios históricos del Partido Verde, una élite con títulos privados y egresada de la Universidad Anáhuac completamente desconectados de la realidad del pueblo.
Este desprecio por las bases sociales quedó en evidencia tras sus polémicos roces con el magisterio de Quintana Roo, a quienes ha llegado a calificar con desdén. Mientras presume un récord de iniciativas que en la práctica resultan irrelevantes para el bolsillo del ciudadano común, la realidad es que su prioridad siempre ha sido el beneficio y el servicio incondicional a “La Mafia Verde”.






