El brazo robótico Ace, desarrollado por Sony AI, acaba de marcar un hito: venció en tres de cinco encuentros a jugadores de élite y, desde diciembre de 2025, ya suma triunfos sobre profesionales del tenis de mesa, según un estudio publicado este miércoles en Nature.
El ping pong es un desafío extremo para la inteligencia artificial. Exige respuesta en milisegundos, predicción precisa de la trayectoria y latencia mínima. Ace lo resuelve con un sistema de percepción de alta velocidad y un algoritmo de control basado en aprendizaje que ajusta ángulo, fuerza y efecto en tiempo real. “El éxito sugiere que técnicas similares pueden aplicarse a robótica de manufactura, servicios y entornos físicos críticos”, explicó Peter Dürr, autor principal del estudio.
En las pruebas detalladas, Ace ganó tres partidos y perdió dos ante jugadores de primer nivel en abril de 2025. Sony AI confirmó que el robot ya derrotó a profesionales en diciembre de 2025 y nuevamente el mes pasado. El sistema no solo devuelve la pelota: calcula el efecto, anticipa el bote y ejecuta golpes variados, algo que hasta ahora frenaba a otros prototipos que no distinguían bolas “cortadas” con efecto.
La demostración reabre el debate sobre el papel de la IA en el deporte. Mientras el robot del MIT alcanza 88% de acierto en 150 lanzamientos y devuelve a velocidades cercanas a las humanas, Ace ya compite en partidos completos. Entrenadores y atletas ven utilidad: puede servir como sparring incansable, analizar patrones de juego y elevar el nivel de entrenamiento.
Pero también inquieta. Jugadores de élite temen que la “gentrificación tecnológica” convierta la preparación en un lujo accesible solo para federaciones con presupuesto para robots de última generación. Por ahora, Sony AI afirma que su objetivo es la investigación, no reemplazar humanos. Aun así, la línea entre herramienta y rival se vuelve cada vez más delgada.
Con el Mundial de Fútbol 2026 a la vuelta de la esquina, el ping pong ya tiene su propio adelanto futurista: un robot que no se cansa, no se distrae y, ahora, también gana.






