Elementos de la Policía Municipal de Córdoba iniciaron una protesta de brazos caídos y la suspensión indefinida de sus labores operativas para exigir el cumplimiento inmediato de prestaciones laborales rezagadas y la entrega de equipamiento táctico básico. Los agentes se atrincheraron en las instalaciones de la corporación para denunciar que las condiciones actuales los dejan en un estado de alta vulnerabilidad frente a las células delictivas que operan en la región de las Altas Montañas.
La movilización policial paralizó las tareas de patrullaje preventivo en el primer cuadro de la ciudad y en las comunidades rurales adyacentes, obligando al despliegue intermitente de la Policía Estatal y la Marina para cubrir los cuadrantes de vigilancia.
Sin balas ni uniformes: Las demandas de la corporación
Los uniformados inconformes hicieron públicas las graves deficiencias administrativas y operativas que arrastra la dirección de seguridad local, exigiendo la apertura de una mesa de diálogo resolutiva con el ayuntamiento bajo el siguiente pliego petitorio:
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Incumplimiento financiero: Denunciaron el impago recurrente de prestaciones de ley esenciales, haciendo especial énfasis en la retención de la prima vacacional y bonos de riesgo.
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Desabasto de municiones y equipo: Calificaron como «crítica y alarmante» la escasez de municiones y cartuchos útiles, alertando que salen a las calles sin los cargadores necesarios para repeler una agresión armada.
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Precarización operativa: Acusaron la falta de entrega de uniformes nuevos, calzado adecuado y la falta de mantenimiento crónico a las patrullas del municipio.
El peligro de ser policía en Veracruz
La protesta de los agentes cordobeses no es un hecho aislado, sino el reflejo de un panorama estructural de violencia que sitúa a los guardianes del orden en la primera línea de fuego sin las herramientas institucionales mínimas para su defensa.






