Entre edificios colapsados y cortes de luz de 16 horas al día, decenas de niños y adolescentes en Rafah, Jan Yunis y el campamento de Nuseirat encontraron en el breakdance una vía para liberar el estrés que deja la guerra. Sin música en altavoces ni espejos, practican windmills y freezes sobre colchonetas donadas, con el ruido de drones como telón de fondo.
El proyecto “Break the Silence” nació en febrero de 2025 impulsado por voluntarios de la ONG Gaza Parkour y profesores de danza locales. Tres veces por semana, 120 menores de 6 a 17 años llegan a patios de escuelas de la UNRWA o a sótanos habilitados como refugios. Ahí, durante dos horas, aprenden pasos básicos, estiran y compiten en batallas amistosas. “Cuando giro en el suelo se me olvida el hambre y el miedo. Solo escucho mi respiración”, dice Yousef, de 12 años, desplazado del norte de Gaza.
Psicólogos de Médicos Sin Fronteras que acompañan el programa explican que el baile funciona como terapia corporal. El movimiento intenso regula el cortisol, la hormona del estrés, y el círculo de break crea comunidad en un entorno donde 90% de los niños presenta síntomas de ansiedad, según UNICEF. “No sustituye una terapia clínica, pero reduce pesadillas, regresiones y agresividad”, señala la psicóloga Heba Al-Astal.
Las condiciones son extremas. No hay electricidad constante, así que usan teléfonos con batería solar para reproducir beats. Los tenis se comparten y los pisos se limpian de vidrios antes de cada sesión. Varias niñas participan con hiyab y pants; sus madres vigilan desde la puerta. “Al principio temíamos que fuera mal visto, pero cuando las vemos sonreír, entendemos”, cuenta Amal, madre de Lina, de 10 años.
El grupo ya grabó tres videoclips con cámaras prestadas. El más visto, “From Rubble to Rhythm”, suma 4.3 millones de reproducciones en TikTok y generó donaciones para comprar 60 pares de zapatillas. La meta es presentar una coreografía en el Día Mundial de los Refugiados, el 20 de junio, transmitida por streaming desde un generador comunitario.
Mientras las negociaciones de alto al fuego se estancan, los niños de Gaza siguen girando. Cada freeze es una pausa a la guerra, cada aplauso, una forma de recordar que la infancia también resiste bailando.






