El Oscar que el cineasta ruso Pável Talankin ganó el 16 de marzo por Mr. Nobody Against Putin sigue desaparecido tras ser facturado como equipaje de bodega en un vuelo de Lufthansa que partió del aeropuerto JFK rumbo a Fráncfort el miércoles 30 de abril. Aunque la aerolínea aseguró que “lleva a cabo una búsqueda interna exhaustiva” para localizarlo y devolverlo, hasta este jueves la estatuilla dorada no ha sido entregada a su dueño.
Todo ocurrió cuando agentes de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) impidieron a Talankin, de 35 años, subir a cabina con el premio de 3,8 kilos al considerarlo “una posible arma”. Como el documentalista viajaba solo con equipaje de mano, personal de Lufthansa embaló la estatuilla en una caja de cartón y la envió a la bodega del avión. Al aterrizar en Alemania, la caja no apareció. “Es totalmente incomprensible que consideren un Óscar como un arma. He volado al menos una decena de veces con él en cabina sin ningún problema”, declaró Talankin a Deadline.
La productora ejecutiva del filme, Robin Hessman, relató que ayudó al cineasta por teléfono con la TSA, pues él no domina el inglés. “Esto no le habría pasado a Leonardo DiCaprio”, ironizó, al recordar que Talankin suele llevar el Oscar y su BAFTA a proyecciones y universidades sin incidentes.
Lufthansa lamentó “profundamente esta situación” y aseguró que el caso se trata “con el máximo cuidado y urgencia” para garantizar que la estatuilla sea encontrada y devuelta lo antes posible. La Academia de Hollywood y la TSA fueron contactadas por medios como la BBC para esclarecer lo ocurrido.
El extravío suma otro capítulo difícil para Talankin. El 27 de marzo, Rusia lo declaró “agente extranjero” y un tribunal de Cheliábinsk prohibió la emisión de su documental, que denuncia el adoctrinamiento escolar a favor de la guerra en Ucrania. En la gala del Oscar, el cineasta pidió entre aplausos: “En nombre de nuestro futuro, ¡detengan todas estas guerras ahora mismo!”.
Mientras Lufthansa rastrea bodegas y almacenes, Talankin espera recuperar el símbolo de un reconocimiento que ya le costó el exilio. Por ahora, el Oscar que viajó desde Los Ángeles hasta Nueva York sin contratiempos, se perdió en el tramo más corto: del mostrador de seguridad a la bodega del avión.






