Más de 1,100 artistas de todo el mundo, entre ellos Lorde, Paramore, Macklemore, Brian Eno, Massive Attack, Sigur Rós, Björk, Roger Waters, Peter Gabriel y las españolas Blanca Paloma y Luz, firmaron una carta abierta para exigir a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) que excluya a Israel del Festival de Eurovisión 2026 y llaman al boicot si la organización mantiene su postura.
El documento, impulsado por la plataforma No Music For Genocide, acusa a la UER de “encubrir y normalizar el genocidio” en Gaza al permitir la presencia de la cadena israelí KAN. Los firmantes denuncian un “doble rasero”: en 2022 la UER expulsó a Rusia tras la invasión de Ucrania, pero ahora se niega a aplicar el mismo criterio pese a las operaciones militares en Gaza y Cisjordania. “¿Cómo puede cualquier artista participar con buena conciencia mientras se planean campos de concentración hipervigilados en la ‘Nueva Gaza’?”, cuestiona la carta.
La presión no es solo simbólica. España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia anunciaron su retirada del certamen de Viena si Israel compite. RTVE confirmó que no emitirá ni semifinales ni la final del 16 de mayo y pidió una votación secreta sobre la participación israelí, solicitud que la presidencia de la UER rechazó. La emisora islandesa RÚV sostuvo que “no habrá ni alegría ni paz” en esas condiciones.
La campaña pide también que los artistas retiren su música de plataformas de streaming en Israel y presionen a las discográficas para adoptar medidas similares. “Hay más gente viendo Eurovisión que el descanso de la Super Bowl y los Grammy juntos. No podemos tomarnos el festival menos en serio que los líderes criminales de guerra”, añade el texto.
La UER defiende la “neutralidad” del concurso y mantiene a Israel en la primera semifinal del 12 de mayo, donde competirá con 14 países por un lugar en la final. El director de KAN, Golan Yochpaz, rechazó retirarse: “No hay razón para que Israel no siga siendo parte de este evento cultural, que no puede volverse político”.
Mientras, el debate escala. La 70ª edición de Eurovisión se encamina a convertirse en la más politizada de su historia, con artistas, emisoras y público divididos entre el escenario y la guerra.






