A pesar de las densas acumulaciones de sargazo que cubren las playas del Caribe mexicano, las tortugas marinas han mostrado una destacada capacidad de adaptación durante su temporada de anidación. Según explicó la bióloga Gisela Maldonado Saldaña, integrante del Grupo Tortuguero del Caribe, tanto las hembras reproductoras como las crías han desarrollado mecanismos para sortear las mallas de macroalgas en la costa y en el mar.
La especialista enfatizó que esta fortaleza se debe a un proceso evolutivo de más de 220 millones de años, el cual les ha permitido superar eventos climáticos y geológicos extremos a lo largo de las eras.
«Las tortugas marinas son organismos bastante antiguos […]. Hay que pensar en que las tortugas estaban presentes en el planeta cuando cayó Chicxulub. Y creo que con eso decimos bastante: son animales con una altísima resiliencia», destacó Maldonado Saldaña.
La presión humana: la verdadera amenaza
A pesar de su historial evolutivo, la bióloga señaló la paradoja de que la actividad humana represente un peligro sin precedentes para la especie, al punto de superar sus capacidades naturales de adaptación.
Por otro lado, desmontó la noción de que las arribazones masivas de sargazo sean un fenómeno exclusivamente natural o fortuito, atribuyéndolas a causas antropogénicas:
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Descarga de aguas residuales: Vertimiento de desechos provenientes de plantas de tratamiento directamente al mar.
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Deforestación regional: Tala masiva de selvas en el sur del continente, lo que arrastra nutrientes hacia el océano y favorece la proliferación acelerada del alga.
El sargazo en la dinámica marina
Finalmente, la representante del Grupo Tortuguero del Caribe aclaró que la macroalga no constituye una amenaza en sí misma, sino un ecosistema flotante clave cuando se mantiene en sus dinámicas pelágicas naturales.
«Es muy fácil apuntar que el villano es el alga parda, cuando sabemos que el sargazo es un ecosistema completo que incluso beneficia a las tortugas: las crías recién nacidas se van precisamente a esas islas de sargazo porque en ellas encuentran refugio y alimento para crecer», concluyó.






