A seis años del paso de las tormentas Cristóbal y Amanda, los pequeños ganaderos de Hopelchén siguen sin levantarse. Lo que en 2020 fue la pérdida de cientos de reses por inundaciones, hoy es una crisis prolongada por sequía, falta de agua y apoyos insuficientes que mantiene al sector al borde de la desaparición.
Julio César González Dzul, exdirigente ganadero de la zona, advierte que de los productores que existían antes de 2020 hoy solo quedan unos 40 en el Valle de Chunchintok. “Estamos rezagados por los tres niveles de gobierno. No contamos con ningún tipo de apoyo y lo que urge son subsidios para construir pozos en puntos estratégicos”, explicó. Los jagueyes llevan diez meses secos y los ganaderos compran pacas de forraje en campos menonitas de La Nueva Trinidad o Nuevo Durango para mantener vivos sus hatos.
Cristóbal y Amanda, que azotaron Campeche en junio de 2020, anegaron potreros y provocaron la muerte masiva de ganado. La promesa de programas de reactivación nunca se concretó, aseguran los afectados. “Pedimos por años ayuda para pozos, pero no nos han hecho caso”, lamentó González Dzul.
La situación se agrava por la ausencia de financiamiento y seguro catastrófico. Productores señalan que deben costear el acarreo de agua en pipas hasta sus ranchos, lo que vuelve incosteable la actividad. “Nuestros hijos se van a Cancún, a Mérida o a Estados Unidos porque aquí no hay oportunidad”, relató el exdirigente.
Mientras la Secretaría de Agricultura federal anuncia ventanillas de apoyo con montos de hasta 54 mil pesos en estados vecinos, en Hopelchén los productores denuncian que los programas llegan tarde o simplemente no aparecen. En 2025, más de 7 mil beneficiarios de Sembrando Vida y Producción para el Bienestar reportaron retrasos en sus pagos.
Seis años después de las tormentas, el panorama es desolador: jagueyes vacíos, pastos quemados y un hato ganadero reducido al mínimo. Los ganaderos cheneros exigen al gobierno estatal y federal reactivar el extensionismo, reinstalar el seguro catastrófico y financiar infraestructura hídrica. “Si no hay agua, no hay ganado; si no hay ganado, no hay futuro para La Montaña”, concluyó González Dzul.



