La reelección de Gianni Infantino al frente de la FIFA, que hasta hace meses parecía un trámite por aclamación, ha vuelto a entrar en zona de debate jurídico y político a un año de la votación de 2027.
El suizo-italiano, de 56 años, asumió en 2016 tras el FIFAGate que tumbó a Sepp Blatter. Fue reelecto en 2019 y 2023 sin oposición. Los estatutos limitan a tres mandatos de cuatro años, por lo que 2027 debería ser su última elección. Sin embargo, la FIFA dictaminó que su primer periodo parcial de 2016-2019 no cuenta, lo que le abre la puerta a postularse para 2027-2031, su cuarto mandato formal.
El 30 de abril en Vancouver, Infantino confirmó que será candidato: «Seré candidato», dijo ante las 211 federaciones. La elección se celebrará el 18 de marzo de 2027 en Marruecos.
¿Por qué está en el aire? Aunque tiene el respaldo estructural, enfrenta dos frentes:
1. El bloque de votos asegurado: Conmebol (10 votos) lo apoyó unánime el 10 de abril, CAF (54 votos) y AFC (47 votos) hicieron lo mismo el 30 de abril. Solo esas tres confederaciones suman 111 votos, más del 50% de los 211. Su oferta es repartir 2,700 millones de dólares a las federaciones en el próximo ciclo, con 8 millones por federación, y los ingresos récord del Mundial 2026 de 48 selecciones.
2. El desgaste europeo: La Federación Noruega pidió abolir su Premio de la Paz tras otorgar el primero a Donald Trump, y UEFA no se ha pronunciado. Varias sedes del Mundial 2026 en EU acusan a la FIFA de quedarse con hasta 14 mil millones de dólares en ingresos mientras las ciudades cargan con un déficit de 250 millones. Esa fractura alimenta voces que piden un candidato europeo alternativo.
Por ahora no hay rival inscrito y el escenario más probable es una reelección por aclamación, pero la batalla legal sobre si su mandato 2016-2019 debe contar y la presión por gobernanza y derechos humanos en 2026 han puesto su continuidad, por primera vez en 10 años, en entredicho.





