PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | La Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), bajo el liderazgo de Rafael Marín Mollinedo, atraviesa un proceso de modernización que marca un antes y un después en la forma en que el país vigila, controla y facilita la entrada y salida de mercancías. En un mensaje difundido en sus redes sociales, Marín subrayó que esta transformación no es solo administrativa: es un rediseño profundo de la infraestructura tecnológica, los mecanismos de seguridad y la cultura institucional que rige a las aduanas.
El proyecto, uno de los más ambiciosos en la historia reciente del sector, incluye la digitalización de trámites, la implementación de sistemas que permiten rastrear operaciones en tiempo real y el fortalecimiento de la coordinación con autoridades estratégicas. Esto, asegura Marín, apunta directamente a un objetivo: cerrar espacios a la corrupción y reforzar la transparencia en cada punto de control.
La modernización también contempla herramientas de inteligencia operativa que permiten identificar patrones de riesgo y abatir prácticas ilícitas como el contrabando técnico, la subvaluación y las redes de evasión fiscal. De acuerdo con el titular de la ANAM, estas mejoras no solo blindan al Estado, sino que facilitan el comercio legal, reducen tiempos de operación y dan certeza a los sectores productivos.
El fundador de Morena en Quintana Roo destacó que la transformación ha requerido capacitar al personal, actualizar protocolos y adoptar tecnología que iguala a México con estándares internacionales. La apuesta, dijo, es que las aduanas se conviertan en una plataforma eficiente, segura y moderna, capaz de responder a los volúmenes crecientes del comercio exterior y a la creciente exigencia de transparencia.
Para Marín, la modernización de aduanas no es un proyecto aislado: forma parte del esfuerzo por fortalecer al Estado mexicano desde sus cimientos administrativos. “Hacer bien nuestro trabajo impacta directamente en la economía del país”, señaló, reiterando que cada avance tecnológico y cada nuevo control interno se traducen en más recaudación, menos pérdidas y mayor confianza ciudadana.
Con este enfoque, la ANAM se posiciona como una institución en plena evolución, orientada a la eficiencia y al combate frontal de viejas prácticas. Y Rafael Marín, al frente, busca consolidar un legado de transformación profunda en una de las áreas más sensibles para la seguridad y la economía nacional.









