PODER & CRÍTICA | REDACCIÓN | La realidad, como siempre, se burla en nuestra cara y supera cualquier guion de ficción barata. En estos días donde la fauna política quintanarroense anda más nerviosa que gato en tejado caliente, las «rémoras» y «sabandijas» de la apodada «Mafia Verde» han iniciado su desesperado proceso de camuflaje. Intentan borrar su pasado, lavarse la cara y presentarse como los salvadores de la patria, pero hay manchas que ni el cloro más fuerte puede quitar.
El caso de Paco Carrillo es, quizás, la pieza de museo más ilustrativa de esta decadencia. ¿Cómo olvidar la trayectoria de un hombre que ha hecho de la corruptela su religión? Desde la infame era de Paul Carrillo hasta nuestros días, Paco ha pasado de ser aquel «borracho fresa» que se solazaba en las banquetas, a adoptar un outfit digno de indigente —o mejor dicho, de «Changoleón» de la política—, una estética que combina perfecto con su miseria moral.
Es un secreto a voces que el barco de la «Mafia Verde» no necesita enemigos externos; ya se están devorando entre ellos en su propia pecera de pirañas, donde la lealtad es un concepto que ni conocen ni pueden pronunciar sin que se les trabe la lengua.
El recuento de los daños
Hagamos memoria para los despistados: Paco Carrillo, el hombre que alcanzó la gloria de ser senador «por un día» —sí, el triste parche que pusieron cuando Gino se fue de paseo un fin de semana y necesitaban a cualquier títere que levantara la mano para votar—. Luego, la historia se repitió cuando Gino soñó con la gubernatura, un delirio al puro estilo «Chanito-Borge» que todos sabemos cómo terminó (o cómo terminará).
Ahora, el nuevo «Changoleón» se siente todopoderoso. Dicen los que saben que mueve su estructura política en el norte del estado usando el manual del perfecto autoritario: trabajadores municipales y estatales obligados a obedecer sin chistar, so pena de amenazas, chantajes, despido inmediato o el clásico «aquí se hace lo que yo diga».
Pero el hambre es mucha y el sueldo no alcanza. Por eso, opera su propia red de «moches» y extorsiones, repartida en diversas áreas municipales y estatales. ¿El objetivo? Financiar sus fantasías, evitar que el titular legítimo de su senaduría regrese a casa y, en su delirio máximo, aspirar a la candidatura de Cancún.
Paco, los sueños solo eso son: sueños. Y aunque hoy te sientas el rey de la banquetas, te tenemos una noticia: la justicia, esa que tanto han esquivado, no se olvida de las direcciones. Muy pronto, rendirás cuentas. Y prepárate, porque esta vez no será ante tu jefa ni en tus reuniones de pasillo; será ante la ley, donde el outfit de político en desgracia no te servirá de nada.





