PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Los presidentes de Colombia, Gustavo Petro, y de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvieron este 7 de enero su primer contacto telefónico directo, en medio de una escalada de tensiones entre ambos países que se intensificó a raíz de recientes acciones militares de Washington en Venezuela y declaraciones del mandatario estadounidense contra Petro.
El diálogo, confirmado por fuentes oficiales de la Cancillería colombiana, se extendió por aproximadamente una hora y buscó reducir la tensión diplomática tras un intercambio de mensajes y acusaciones públicas entre los dos gobiernos. Petro ofreció detalles del contacto durante un acto en la Plaza de Bolívar, donde miles de personas se reunieron en una manifestación “en defensa de la soberanía”.
Durante la conversación, el presidente colombiano planteó la necesidad de restablecer los canales de comunicación entre las cancillerías y los presidentes, interrumpidos tras semanas de críticas y confrontación verbal. Petro también expuso a Trump cifras y argumentos sobre los esfuerzos de su gobierno en la lucha contra el narcotráfico y defendió la cooperación con países vecinos.
El diálogo se dio en un contexto diplomático tenso: días antes, Trump había criticado duramente a Petro, acusaciones que incluyeron vínculos con el narcotráfico y comentarios sobre la gobernabilidad de Colombia en el marco de una operación militar estadounidense en suelo venezolano que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Petro respondió con firmeza en distintos escenarios públicos, incluso convocando protestas masivas contra lo que calificó de amenaza a la soberanía nacional.
Tras la llamada, ambos mandatarios dieron señales de posible acercamiento bilateral. Trump expresó su agradecimiento por el contacto y mencionó que se están haciendo arreglos para una reunión en la Casa Blanca, aunque aún no se ha fijado una fecha concreta. Por su parte, Petro destacó la importancia del diálogo para evitar conflictos mayores en la región.
Este primer contacto marca un punto de inflexión en la relación entre Bogotá y Washington, tras un año de tensiones crecientes en temas de seguridad, narcotráfico y diplomacia regional.






