PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | Durante su participación en el evento por el Día Mundial de la Alimentación, organizado por la FAO en Roma, el Papa León XIV lanzó un llamado enérgico a la comunidad internacional para poner fin al uso del hambre como herramienta de guerra y recordó que millones de personas en el mundo siguen padeciendo escasez alimentaria, pobreza y conflicto.
El pontífice advirtió que el hambre no puede seguir siendo “una consecuencia colateral” de las decisiones políticas o militares, y calificó como una “culpa histórica” que en pleno siglo XXI aún existan poblaciones enteras privadas de alimento.
“No podemos engañarnos pensando que el sufrimiento ajeno no nos afecta. Los rostros hambrientos nos interpelan y nos obligan a revisar nuestras prioridades y nuestro modo de vida”, expresó ante líderes mundiales y representantes de Naciones Unidas.
Durante su discurso, pronunciado en su mayoría en español, León XIV instó a los gobiernos a asumir su responsabilidad ética y a no permanecer indiferentes ante la reducción constante de los fondos destinados a la cooperación internacional y la asistencia humanitaria.
Aunque el pontífice no mencionó directamente a ningún país, su mensaje llega en medio de acusaciones de grupos humanitarios sobre el uso del hambre como arma de guerra en conflictos como Gaza, Ucrania, Sudán del Sur, Yemen y Afganistán, donde millones de civiles dependen de la ayuda alimentaria.
León XIV calificó como “un extravío ético” permitir que la tecnología y la ciencia sigan avanzando mientras millones de seres humanos mueren de hambre.
“En un tiempo en el que la ciencia ha extendido la esperanza de vida, dejar que otros vivan —y mueran— golpeados por el hambre es un fracaso colectivo”, sentenció.
El llamado del Papa coincide con un momento crítico para las agencias de la ONU, que enfrentan severos recortes presupuestales. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) alertó esta semana que su financiamiento se encuentra en el punto más bajo de su historia, lo que podría dejar sin asistencia a más de 13 millones de personas en países como Haití, Sudán, Somalia, Afganistán y República Democrática del Congo.






