En México, al menos 4.5 millones de jóvenes de 15 a 29 años no estudian ni trabajan, una población que equivale a llenar 45 veces el Estadio Azteca y que pone en riesgo el bono demográfico del país.
De acuerdo con la ENOE del INEGI al cierre de 2025, el país tiene 30.4 millones de jóvenes en ese rango de edad. El 47.7% está fuera del mercado laboral, pero el núcleo duro de la desconexión —los llamados NEET por la OCDE— ronda el 18.9%. Otros análisis de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno elevan la cifra de exclusión a 14.4 millones si se suma pobreza y precariedad.
El rostro del problema es femenino. Ocho de cada 10 jóvenes que no estudian ni trabajan son mujeres, revela Oxfam México en su informe «No nos llames ninis». El 95% de ellas no está inactiva: dedica jornadas completas a trabajo de cuidados no remunerado, limpieza, crianza y atención a adultos mayores, sin acceso a guarderías ni seguridad social.
El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que desde 2019 ha atendido a 3.3 millones de becarios con 7,572 pesos mensuales, no ha logrado cerrar la brecha. México sigue en tercer lugar mundial de ninis entre países de la OCDE, sólo detrás de Turquía e Italia, con 20% de jóvenes desconectados frente a un promedio de 12.5%.
Las entidades con mayor marginación concentran el fenómeno: Chiapas con 28.3% de sus jóvenes fuera de escuela y empleo, Veracruz 22.6% e Hidalgo 21%. La OIT advierte que quienes caen en esta condición a los 20 años enfrentan peores salarios y mayor exclusión laboral el resto de su vida.
Especialistas piden virar de la beca al cuidado: sistema nacional de cuidados, educación técnica vinculada al empleo y seguimiento real tras la capacitación.





