Desde el Monumento a la Revolución, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo emitió un enérgico mensaje a la nación con motivo del segundo aniversario de su victoria electoral. En un discurso de una hora y diez minutos, la mandataria dedicó una tercera parte de su intervención a la política exterior, advirtiendo de forma categórica que su administración no tolerará intromisiones de agencias o gobiernos extranjeros en las decisiones internas del país.
La jefa del Ejecutivo denunció una reciente escalada de ataques en plataformas digitales y medios de comunicación, la cual vinculó a sectores de la ultraderecha tanto nacional como internacional que intentan desestabilizar su proyecto de nación.
Según Sheinbaum, esta campaña se recrudeció tras dos polémicos sucesos recientes:
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Caso Chihuahua: El fallecimiento de agentes estadounidenses en un laboratorio de dicho estado (gobernado por la oposición). La mandataria aclaró que las indagatorias corresponden legalmente a la Fiscalía General de la República (FGR) y no a cuerpos de seguridad foráneos.
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Solicitud de extradición exprés: La petición urgente del Departamento de Justicia de EE. UU. para capturar a diez funcionarios sinaloenses, incluidos el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, el alcalde de Culiacán y un senador en funciones, un hecho que calificó como un precedente inédito y carente de pruebas públicas.
«¿Estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas. ¡México no es piñata de nadie!», sentenció bajo los aplausos de la multitud.
Exigencia recíproca: Frenar armas y lavado de dinero
La mandataria federal enfatizó que, si bien la lucha contra el crimen organizado es un compromiso mutuo, «cooperación no significa subordinación». En ese sentido, lanzó un llamado directo a la Casa Blanca para que asuma la responsabilidad que le toca en la crisis de seguridad regional.
Sheinbaum instó a las autoridades estadounidenses a combatir con la misma fuerza el consumo interno de estupefacientes, desmantelar las redes financieras que operan en su propio territorio y poner un freno definitivo al contrabando de armas de fuego que cruza la frontera hacia el sur y nutre a las células delictivas en México.
En contraparte, defendió la estrategia de seguridad de su gobierno centrada en atender las raíces de la violencia, presumiendo que en sus 20 meses de gestión se ha logrado una reducción del 49% en homicidios dolosos y un descenso del 20% en delitos de alto impacto. «Nosotros no hacemos la guerra como en el pasado; nosotros construimos paz con justicia», apuntó.
Arremete contra la oposición y descarta autoritarismo
En el plano local, la presidenta arremetió contra los bloques opositores, tachándolos de «derecha entreguista». Acusó a políticos y analistas de viajar al extranjero para desprestigiar a las instituciones nacionales con la intención de recuperar los beneficios económicos y políticos que perdieron en las urnas.
Asimismo, desestimó los señalamientos que tachan a su gobierno de dictatorial o represivo, asegurando que el país vive una época de libertades plenas. Hacia el cierre de su comparecencia, convocó a los simpatizantes de su movimiento a movilizarse en plazas públicas a partir de la siguiente semana mediante asambleas informativas, bajo la consigna de que «la patria no se vende, se ama y se defiende».






