La temporada navideña suele pintarse en los medios con imágenes de reunión, alegría y consumo; sin embargo, para muchas personas trae consigo una mezcla compleja de emociones: nostalgia, duelo por pérdidas pasadas, frustración por rupturas afectivas, presión por el gasto y, en algunos casos, aumento del consumo de alcohol y drogas. Desde la perspectiva de salud pública, estas emociones no son meramente individuales: se entrelazan con el entorno social, las decisiones gubernamentales, la influencia de los medios y la tecnología, y determinan riesgos concretos para la salud mental y la mortalidad evitable en nuestra comunidad. Los datos recientes hacen particularmente urgente atender el tema en Yucatán.
En 2024 la tasa estandarizada de suicidio de Yucatán fue de 16.2 por cada 100,000 habitantes, una de las más altas del país según INEGI; esto sitúa al estado entre las entidades con mayor carga por muertes autoinfligidas. A nivel nacional se registraron 8,856 suicidios en 2024.
Estas cifras ponen de manifiesto que las expresiones emocionales extremas durante periodos de alta carga emocional, como diciembre, tienen consecuencias fatales si no se abordan desde políticas y acciones de prevención. La tecnología y las redes sociales actúan como amplificadores emocionales.
Por un lado, permiten mantener lazos y obtener apoyo; por otro, propician comparaciones sociales, exposición a contenidos desencadenantes y la percepción de que todos viven celebraciones perfectas, lo que intensifica la soledad y la ansiedad en quienes atraviesan rupturas o duelos.
Las apps de consumo y la publicidad estacional aumentan la presión por el gasto y la acumulación, factores que elevan el estrés familiar y la posibilidad de conflictos domésticos. Estas dinámicas tecnosociales requieren intervenciones que combinen alfabetización digital emocional con regulación responsable de la publicidad en temporadas de alta vulnerabilidad.
El consumo de alcohol y otras sustancias tiende a incrementarse en fechas festivas y es un mediador importante entre la angustia emocional y los daños agudos (violencia, accidentes, sobredosis) o crónicos (dependencia, trastornos mentales). Datos recientes indican niveles de consumo de alcohol superiores al promedio en ciertos grupos de jóvenes yucatecos, y un uso problemático que exige la atención multisectorial de los servicios de salud y de prevención comunitaria.
Además, los servicios de atención en salud mental han visto una demanda elevada en años recientes, lo que refleja tanto la carga del malestar psicológico como la necesidad de ampliar la oferta y facilitar el acceso en poblaciones rurales. Las decisiones gubernamentales y las políticas públicas condicionan el riesgo poblacional. La retórica pública y las prioridades administrativas pueden influir en la atención que se brinda a la salud mental y a la prevención del suicidio; por ello, la respuesta debe privilegiar evidencia técnica y enfoques intersectoriales por encima de etiquetas ideológicas.
La salud pública requiere políticas sostenibles y sensibles al contexto rural del interior del estado, donde el acceso a servicios y la estigmatización pueden ser mayores.
Frente a este panorama, se propone una alternativa preventiva centrada en la comunidad y escalable para el interior de Yucatán:
1. Red de detección temprana y “gatekeepers” comunitarios. Capacitar a líderes locales, docentes, personal de salud y trabajadores sociales en identificación de señales de riesgo y en derivación rápida a servicios.
2. Puntos de apoyo emocional y duelos en festividades. Establecer espacios de escucha (físicos y virtuales) en centros comunitarios y plazas municipales durante diciembre, con personal capacitado.
3. Campañas responsables en medios y regulación temporal de publicidad de alto impulso de consumo. Coordinar mensajes que reduzcan presiones de gasto y promuevan recursos de ayuda.
4. Control del acceso al alcohol en eventos públicos y campañas de reducción de daños. Políticas locales sobre venta y consumo responsable; promotores de reducción de riesgos en eventos.
5. Fortalecimiento de la atención accesible en salud mental. Incrementar guardias psicológicas, atención telefónica y telepsicología, especialmente para zonas rurales.
6. Promoción de resiliencia y redes sociales reales. Programas comunitarios que fomenten rituales de memoria, actividades intergeneracionales y economía solidaria para reducir la presión del gasto navideño. En conclusión, la época navideña es un espejo de emociones colectivas y vulnerabilidades sociales.
Las cifras recientes en Yucatán demandan una respuesta organizada, informada por datos y con enfoque territorial: prevención comunitaria, acceso ampliado a servicios de salud mental, reducción del consumo nocivo y regulación de factores medioambientales que amplifican la angustia.
Si se integran detección temprana, apoyo emocional y políticas públicas sensibles, es posible transitar estas festividades con menor daño y mayor bienestar para las familias yucatecas.
Atentamente, Jorge Marín Secretario, FEDERACIÓN MEXICANA DE PROMOCIÓN DE LA SALUD PÚBLICA






