PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | La política quintanarroense atraviesa una de sus fases más sórdidas, pues las acusaciones que circulan con fuerza en redes sociales y grupos de mensajería contra la pareja formada por Cuitláhuac Bardán Esquivel y Laura Aguilar Loredo no son un simple episodio de polarización. Son la radiografía de una desesperación institucionalizada.
Las órdenes del Vicegobernador y la saqueadora de Comunicación del Gobierno, revelan cómo “La Mafia Verde” —ha convertido la pauta oficial y los convenios publicitarios en un látigo para disciplinar a la prensa local y contener el avance de ‘Rescatemos el Movimiento’ y de su figura más visible, Rafael Marín Mollinedo.
Según las denuncias difundidas de manera profusa este lunes y martes, ambos funcionarios habrían impartido órdenes directas a la red de medios que reciben recursos del Gobierno del Estado: “o publicas o no te pagamos tu convenio”.
El objetivo era replicar una publicación pagada originalmente en el periódico Reforma. No se trataba de un simple posicionamiento editorial. Era una operación de réplica masiva y forzada, diseñada para generar ruido artificial y saturar el espacio mediático local.
La frase que se ha vuelto recurrente en muros de Facebook resume con crudeza el diagnóstico: “Bardán y Aguilar operan una maquinaria podrida de chantaje, intimidación y extorsión periodística. ¿Su único objetivo? Frenar a toda costa a Rafael Marín Mollinedo, utilizando el presupuesto público y la pauta oficial como látigo para arrodillar a la prensa local”.
Esta embestida no ocurre en el vacío, coincide con el momento en que se acercan las definiciones internas por la Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Transformación, espacio considerado la antesala de la disputa política de Morena rumbo a 2027.
Mientras Marín Mollinedo intensifica recorridos, asambleas y presencia territorial, sus adversarios concentran energía en una guerra mediática pagada con millones de pesos del erario, dineros del pueblo desviados para tratar de perpetuarse en el poder.
La lógica es transparente pues cuando no se puede alcanzar a alguien en las mediciones ni en el territorio, se intenta desgastarlo desde los titulares. Cada ataque, sin embargo, termina confirmando quién se ha convertido en el adversario a vencer.
En política, cuando todos apuntan al mismo objetivo, dejan al descubierto dónde reside el verdadero nerviosismo y lo o más grave no es solo el intento de manipulación, es la doble moral que deja al descubierto ya que e»La Mafia Verde» se presenta públicamente como fuerza renovadora y ambientalista, pero en los momentos decisivos recurre a los métodos más viejos del control mediático, como ha señalado el periodista Jorge A. Martínez Lugo en su columna La Última Palabra, las fracturas de esta alianza sacan a la luz un pasado compartido.
Las cúpulas involucradas huelen a lo mismo, a l¡la oscura red de Florian Tudor, desmantelada en 2020 por la Unidad de Inteligencia Financiera, el FBI y el Departamento de Justicia de Estados Unidos en la Operación Caribe. No se trata de una coincidencia anecdótica.
Es el recordatorio de que ciertas prácticas de captura institucional y opacidad no se extinguieron simplemente mutaron de forma, Cuitláhuac Bardán y Laura Aguilar han incendiado el tablero político por su desesperado intento por amordazar y orientar la cobertura mediática confirma que la contienda por Quintana Roo ha entrado en una fase sin reglas claras, donde predomina el chantaje, las traiciones y podredumbre quedaron al descubierto.
El uso de recursos públicos para financiar esta operación no es un detalle menor ya que convierte lo que podría pasar por una disputa política legítima en una presunta desviación de fondos destinados a comunicación oficial hacia una campaña de desgaste contra un adversario interno y externo.
El problema de fondo para quien desde la cúpula del poder estatal impulsan esta estrategia de denostaciones y golpes bajos, porque ninguna guerra mediática sustituye territorio, estructura ni respaldo ciudadano. Se pueden multiplicar los señalamientos, elevar el volumen del ruido y saturar las redes con réplicas pagadas, pero llegará el momento, sin embargo, de enseñar los números.
El avance de Rafael Marín parece haber alcanzado un punto de no retorno, ya no basta con atacarlo, ahora tendrían que alcanzarlo. Mientras unos concentran sus esfuerzos en detenerlo, él continúa avanzando. Cuando una estrategia deja de explicar por qué se debe ganar y se concentra exclusivamente en impedir que otro gane, termina revelando con claridad quién es el hombre a vencer.
Esta situación pone en evidencia la crisis más profunda que ha enfrentado «La Mafua Verde», comprueba que la prensa que depende de la pauta oficial se convierte en rehén de los ciclos electorales y de las pugnas internas y son sometidos por Bardàn Esquivel y Aguilar Loredo.
Los ciudadanos, por su parte, reciben una versión distorsionada de la realidad política, fabricada no desde el debate de ideas, sino desde la amenaza de corte de recursos. La denuncia pública de estas prácticas, aunque todavía se mueve principalmente en redes sociales y grupos cerrados, representa un primer contrapeso.
Pero no es suficiente se requiere sobre todo, una prensa capaz de resistir la coacción sin perder su independencia y es que Quintana Roo no puede seguir permitiendo que la disputa por el poder se resuelva a través del chantaje mediático.
La verdadera contienda se librará en el territorio, en las asambleas y en la capacidad de generar adhesiones reales. Mientras tanto, cada orden de “publica o no te pagamos” no solo debilita a la prensa, debilita la legitimidad de quienes la emiten. Y en política, la legitimidad perdida rara vez se recupera con más ruido ni con cañonazos millonarios a la prensa nacional.





