Mientras el país avanza hacia una tasa de sobrevida del 80% en cáncer infantil gracias a redes como OncoCREAN, en Campeche la realidad sigue siendo dura: entre seis y siete de cada 10 menores logran recuperarse, pero hasta cuatro fallecen, confirmó Alfredo Gómez Rueda, presidente de la Fundación “500 Padrinos”.
La organización acompaña actualmente a cerca de 170 niños y adolescentes con cáncer en el estado; la mitad está en tratamiento activo y el resto en vigilancia. De ese grupo, entre 85 y 90 son atendidos en el Centro Estatal de Oncología, aunque también reciben servicios en el IMSS y PEMEX. “Cada mes o cada dos meses perdemos uno o dos niños, es algo muy doloroso”, admitió Gómez Rueda, al subrayar el impacto emocional que deja cada caso en familias y voluntarios.
El cáncer infantil con mayor incidencia en la entidad sigue siendo la leucemia, con cerca del 80% de los diagnósticos. Sin embargo, este año preocupa el repunte de osteosarcoma, un tumor óseo que prácticamente se ha colocado a la par de los casos de leucemia atendidos por la fundación.
Uno de los principales obstáculos es el diagnóstico tardío. A nivel nacional, el 70% de los casos se detecta en etapas avanzadas, lo que reduce las posibilidades de curación. En países con ingresos altos, la sobrevida supera el 80%; en México la media nacional ronda 51-57%, aún lejos del ideal.
Campeche además encabeza la tasa de mortalidad por cáncer en niños y adolescentes: 6.3 por cada 100 mil en menores de 9 años y 8.6 en el grupo de 10 a 19 años, según el Registro de Cáncer en Niños y Adolescentes.
Para revertir el panorama, autoridades intensifican campañas de detección temprana. La Secretaría de Salud estatal capacita a padres, maestros y cuidadores para identificar signos como fiebre sin causa, moretones, sangrado nasal, dolor óseo o crecimiento abdominal.
Mientras tanto, fundaciones como “500 Padrinos” sostienen la otra mitad de la lucha: apoyo con pasajes, quimioterapias y contención emocional los 365 días del año. Cada niño que sobrevive, como Génesis, se convierte en esperanza; cada pérdida, en un recordatorio de que el diagnóstico a tiempo sigue siendo la diferencia entre la vida y la muerte.






