Poder y Crítica | Redacción | La administración de José Luis Chacón Méndez poco a poco fue definiendo su camino hacia la corrupción. Lentamente va sacando su pasado priista, su formación a lado de Roberto Borge confinado en un penal acusado de corrupción y operaciones con recursos de procedencia ilícita; el obeso presidente demostró en la organización del Carnaval que salió muy bueno para hincarle el diente al presupuesto.
La noche del domingo, la feria del ‘Carnaval de Cozumel 2025’ se convirtió en escenario de pánico luego de que un juego mecánico presentara una grave falla de seguridad, lo que provocó que una joven mujer saliera disparada del asiento y cayera al suelo; testigos denunciaron que las barras de seguridad nunca se cerraron correctamente, exponiendo a todos los pasajeros a un riesgo extremo.
Este accidente desató fuertes críticas hacia las autoridades municipales, ya que el carnaval ha estado envuelto en polémicas por la falta de supervisión y la mala organización, el alcalde hasta el momento se ha negado a dar explicaciones sobre las deficiencias en la organización del evento y la falta de seguridad en las áreas de esparcimiento; Protección Civil se limitó a la clausura solamente del juego mecánico y no a todo los juegos señalados de viejos y en mal estado que ponen en riesgo la vida de los asistentes, también se dijo que la empresa se está haciendo responsable de los gastos médicos de la joven lesionada en el accidente por negligencia.
La organización del Carnaval Cozumel 2025 considerado uno de los más antiguos del estado huele a corrupción solapada y orquestad por el alcalde ya que el director de Servicios Públicos Municipales, Héctor Martínez Ramírez, contrató a una empresa de nombre ARMAR domiciliada en Mérida, Yucatán, para organizar todo el carnaval, traer a todos los artistas y grupos musicales que se anunciaron y por los que el gobierno erogará más de 40 millones de pesos.
De esa cantidad, que cuesta la organización del carnaval, el director de Servicios Públicos Municipales cobra moches de hasta el 20 por ciento para llevarlos a las manos de José Luis Chacón, los cobros y extorsiones a todos los participantes están a la orden del día, lo mismo extorsiona, la policía, tránsito, reglamentes, finanzas, hasta los de la basura cobran moches por levantar los desechos en la zona de feria y carnaval, un negocio redondo con el alcalde que se formo políticamente en las filas corruptas del PRI.
Con el tema del Carnaval de Cozumel, el primero bajo la administración de Chacón Méndez, también hay señalamientos de corrupción en la selección de proveedores amañados con la premisa del pago de favores, el diezmo y él moche para a la asignación de los jugosos contratos.

Ya trascendió que por la renta durante un mes del viejo local de eventos Moby Dick, propiedad de José Luis Argüelles González, hermano de Edwin Argüelles González cuñado del encarcelado gobernador Roberto Borge, padre político del hoy alcalde de Cozumel, pagará más de 4.5 millones de pesos en el arrendamiento.
El mencionado local de eventos, anterior casa de los eventos del PRI municipal y búnker de José Luis Chacón cuando le tocaba operar las campañas de candidatos priístas, pues lo mismo funcionaba como escenario para mítines así como de bodega de despensas y láminas con las que corrompían a los votantes para conseguir los votos que aseguraban las clases bajas.
Para nadie es un secreto que Chacón es hijo político de Roberto Borge, con el que tuvo varios cargos partidistas y llegó a hacer regidor del PRI en dos ocasiones y gerente de la CAPA, caja chica del gobierno estatal.
Hoy el ‘Moby Dick’ se renta como una suerte de «favor con favor se paga», pues jamás en la historia se había erogado una semejante cantidad en dicho recinto, además de que en este año las famosas «mesas carnavaleras» triplicaron su costo para poder solventar la fuerte suma que se desembolsará para el pago del arrendamiento.
José Luis Argüelles González no solo rentará su local por la millonada, sino que además exigió que la venta de bebidas alcohólicas que sean controladas por él y un incondicional del alcalde como lo es Héctor Martínez Ramírez, según él, pues lo vocifera cuando ya anda en estado etílico, queriéndose disfrazar de rumbera, como dicen, lo hace el regordete alcalde en su noches de lujuria y bajos instintos en una mansión frente al mar.















