En una declaración que marca un nuevo nivel de tensión en la geopolítica global, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se atribuyó la supervivencia del Estado de Israel, afirmando que su intervención personal, junto a la del primer ministro Benjamín Netanyahu, fue el único muro que evitó la desaparición del país ante la amenaza iraní.
El «tic-tac» del reloj nuclear
Durante una entrevista con el comentarista conservador Hugh Hewitt, Trump defendió con vehemencia la ofensiva militar estadounidense contra Teherán. El mandatario lanzó una advertencia alarmante: según sus reportes de inteligencia, Irán estaba a escasas «dos o cuatro semanas» de obtener un arma nuclear antes de que Washington iniciara los ataques.
«Creo que Israel no existiría hoy si no fuera por mí y por Netanyahu», sentenció Trump, justificando así la escalada bélica como un acto de defensa preventiva necesario para la estabilidad del Medio Oriente.
Tercera jornada de bombardeos
La retórica del mandatario ha ido acompañada de acciones contundentes. Apenas unos minutos después de asegurar en la misma entrevista que Irán sería golpeado «muy duro» esta noche y mañana, el Comando Central de EE. UU. (CENTCOM) confirmó el inicio de la tercera jornada consecutiva de bombardeos contra territorio iraní.
Puntos clave de la escalada:
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Ofensiva ininterrumpida: El objetivo declarado de la Casa Blanca es reducir drásticamente la infraestructura militar iraní para proteger a sus aliados regionales y asegurar el libre tránsito marítimo.
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El Estrecho de Ormuz: Tras anunciar el restablecimiento de un bloqueo naval, Trump ha posicionado a Estados Unidos como el «guardián» oficial de esta ruta vital, exigiendo además que los países beneficiarios contribuyan económicamente por dicha protección.
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Respuesta de Teherán: La confrontación ha entrado en un ciclo de represalias, con Irán respondiendo militarmente contra naciones aliadas de Washington en la región, lo que ha elevado el riesgo de un conflicto regional a gran escala.
Una apuesta política arriesgada
Trump busca consolidar su postura como el principal garante de la seguridad de Israel, utilizando la narrativa de una «amenaza inminente» para respaldar su política de mano dura contra el régimen persa. Mientras tanto, la Casa Blanca insiste en que las operaciones son estrictamente tácticas para neutralizar la capacidad atómica iraní, aunque los mercados mundiales y la comunidad internacional observan con creciente preocupación cómo la confrontación se aleja de una solución diplomática.





