PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | La noche del 2 de enero, un incendio ocurrido en la ranchería Marín, municipio de Cunduacán, dejó daños materiales significativos, pero afortunadamente, la familia salió ilesa. Un solo artefacto pirotécnico conocido como «chispita» fue suficiente para iniciar el siniestro mientras los miembros de la familia dormían.
Una «chispita» voló hasta la galera donde la familia guardaba colchones, sillones, muebles, bicicletas y otros objetos, comenzando un pequeño fuego que rápidamente se extendió y consumió toda el área.
La madre, el padre, la hija y la abuela dormían en ese momento y no se dieron cuenta del incendio hasta que los vecinos alertaron sobre el peligro. Estos se sumaron al esfuerzo para controlar las llamas, evitando que el fuego llegara a la sala y habitaciones de la casa.
A pesar de las pérdidas materiales, todos los miembros humanos de la familia lograron salir sin lesiones. Sin embargo, un perro de la familia sufrió quemaduras en su cara y patas debido al fuego.
La señora Laura Lázaro, afectada por los hechos, hizo un llamado de atención a los adultos para que supervisen a los menores y eviten que jueguen con pirotecnia, que puede resultar peligrosa, como se evidenció en este incidente.






