Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá colapsaron la noche del viernes 21 de agosto y desataron una nueva escalada arancelaria. Washington impuso desde la medianoche del sábado aranceles del 50 por ciento a unos 20 mil millones de dólares en productos canadienses, cerca del 5.5 por ciento de sus exportaciones, invocando el artículo 338 de la Ley Arancelaria de 1930 por supuesta discriminación contra productos estadounidenses.
El representante comercial Jamieson Greer responsabilizó a Ottawa de rechazar el mejor trato posible entre principales exportadores. Dijo que Canadá se negó a finalizar el acuerdo en los términos pactados a inicios de semana y planteó nuevas exigencias que trastocaron lo acordado. El ministro canadiense Dominic LeBlanc y la jefa negociadora Janice Charette estuvieron tres días en Washington, con Trump aplazando la fecha límite tres días tras hablar con Mark Carney.
Ottawa respondió de inmediato. El primer ministro Mark Carney anunció represalias dólar por dólar a partir del 8 de septiembre contra acero, lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, pulpa, papel, cemento, vino, ropa y electrónicos estadounidenses, y ordenó suspender negociaciones y repatriar a su equipo. Denunció que Estados Unidos pidió demasiado y ofreció muy poco, con condiciones inviables que limitaban alivio solo a autos ligeros, excluían camiones y restringían acuerdos con terceros y protección cultural.
La medida golpea sectores ya frágiles como madera, vino y lácteos, amenaza empleos y complica la revisión del T-MEC prevista para 2026. Canadá había ofrecido retirar represalias de 2025 y reabrir venta de alcohol estadounidense, pero exigía bajar aranceles a autos del 25 al 15 por ciento y recortar a la mitad acero y aluminio al 25 por ciento. Una encuesta mostró que 56 por ciento de canadienses rechaza más concesiones.






