La serie mexicana Santita, estrenada el 22 de abril en Netflix, está dando de qué hablar por su forma de abordar la discapacidad: sin lástima, sin heroísmo forzado y sin santidad. La producción de siete episodios, dirigida por Rodrigo García Barcha, coloca en el centro a María José Cano, “Santita”, una ginecóloga en Tijuana que usa silla de ruedas tras un accidente y que, lejos de ser definida por su condición, despliega ironía, malicia, pasión y contradicciones.
Interpretada por Paulina Dávila, Santita desafía el biotipo que históricamente ha encasillado a los personajes con discapacidad. “Es su vehículo para interactuar con el mundo, pero ella es mucho más que su silla”, explicó la actriz. La protagonista atiende partos de emergencia en campamentos migrantes, apuesta en el hipódromo, tiene deudas por ludopatía y mantiene relaciones complejas con su ex prometido Alejandro, encarnado por Gael García Bernal, quien regresa tras dos décadas con un diagnóstico difícil.
Para el director, la clave fue “destapar la identidad” del personaje y mostrar que la discapacidad no borra el humor, la inteligencia ni el deseo. “Queríamos ir más allá de la silla y presentar a una mujer inusual, imperfecta, con un sentido del humor endemoniado”, dijo García Barcha. El guion de Luis Cámara y Gabrielle Galanter se apoyó en una consultora en discapacidad para dotar de realismo la interpretación, y sumó a Sally Quiñonez, actriz con discapacidad, en el papel de Alma.
La trama también confronta al espectador con decisiones éticas: Santita dejó a Alejandro en el altar, hoy enfrenta su regreso mientras sostiene una relación con el médico Mauricio, interpretado por Erik Hayser. Entre Tijuana y CDMX, la serie toca salud reproductiva, duelo, resiliencia y el sistema de salud, sin convertir la discapacidad en lección moral.
Con un elenco que incluye a Ilse Salas y Héctor Kotsifakis, Santita se ha posicionado entre lo más visto en Latinoamérica. Críticos destacan que rompe estereotipos al presentar independencia, contradicciones y agencia, alejándose de la “santidad” que suele proyectarse sobre las personas con discapacidad. La serie, primera de Rodrigo García para Netflix, demuestra que las segundas oportunidades y los personajes complejos también ruedan en silla de ruedas.



