PODER Y CRÍTICA | REDACCIÓN | La situación epidemiológica en la República Democrática del Congo (RDC) se mantiene bajo máxima alerta. De acuerdo con el corte estadístico más reciente, la epidemia de ébola ha cobrado la vida de 828 personas, mientras que el número de contagios confirmados asciende ya a 2,124 casos.
Una epidemia de transmisión sostenida
El Ministerio de Comunicación y Medios del país africano informó que, al 15 de julio, la tasa de letalidad se ubica en un 39%. Si bien los esfuerzos médicos han permitido que 390 pacientes superen la enfermedad, la cifra de personas en aislamiento o tratamiento hospitalario se mantiene en 725, reflejando la complejidad de contener el virus en las provincias afectadas.
Las autoridades de salud han intensificado los protocolos de vigilancia en las zonas críticas:
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Epicentros: La provincia de Ituri se mantiene como el principal foco de infección, concentrando cerca del 90% de los casos totales.
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Expansión: El virus continúa circulando con fuerza en Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uele y Tshopo.
La respuesta internacional ante la cepa «Bundibugyo»
Expertos del Instituto Nacional de Salud Pública advierten que el virus atraviesa una fase de transmisión sostenida. La cepa identificada en esta ocasión es la Bundibugyo, la cual representa un desafío particular debido a que, a diferencia de otras variantes, no cuenta con una vacuna o tratamiento específico ampliamente autorizado, con una tasa de mortalidad que oscila entre el 30% y 50%.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene la alerta de «emergencia de salud pública de importancia internacional». A pesar de la gravedad, existen señales de contención en naciones vecinas; Uganda, por ejemplo, ha logrado estabilizar su situación, dando de alta al último paciente hospitalizado y iniciando el periodo crítico de 42 días sin nuevos casos para poder declarar el fin de su brote local.
Antecedentes y contexto
Este brote se suma a la histórica lucha de la RDC contra esta enfermedad, posicionándose actualmente como la tercera peor epidemia de ébola registrada en la historia. Las autoridades sanitarias instan a la comunidad internacional a no bajar la guardia, subrayando que la prevención y la vigilancia epidemiológica siguen siendo las herramientas más efectivas para romper la cadena de contagio en una región donde el contacto directo con fluidos sigue siendo la principal vía de transmisión.





