El debate sobre los lazos protocolarios entre el Poder Ejecutivo y la Selección Mexicana de futbol ha cobrado fuerza en vísperas de la Copa del Mundo de la FIFA 2026. Al igual que ocurrió con su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se mantiene al margen de los abanderamientos tradicionales para el equipo de balompié, marcando una clara división entre los actos institucionales obligatorios y las costumbres deportivas del viejo régimen.
El fin de la tradición del abanderamiento en Los Pinos
La costumbre de que el Presidente de la República abanderara y despidiera formalmente a la Selección Mexicana antes de su partida a una Copa del Mundo nació de cara al Mundial de México 1970. Aunque sufrió interrupciones específicas (en las ediciones de 1974, 1982 y 1990 por diversas circunstancias logísticas o de clasificación), la tradición fue rescatada con fuerza en Francia 1998. A partir de ese año, sumó 24 años de continuidad ininterrumpida hasta que se disolvió en el ciclo hacia Qatar 2022.
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La postura de AMLO: En 2022, el expresidente López Obrador no recibió al conjunto tricolor, rompiendo el rito bajo el argumento de que el abanderamiento oficial del mandatario de la nación debe reservarse estrictamente para delegaciones que portan la representación oficial del Estado, como los atletas olímpicos o panamericanos.
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La línea de Sheinbaum: La actual mandataria ha seguido esta misma línea técnica y jurídica. Las autoridades precisaron que el abanderamiento de un equipo de futbol profesional (gestionado por una federación que opera como una entidad de derecho privado) no constituye una obligación constitucional ni de agenda de Estado. Como contraparte, la presidenta sí encabezó formalmente los honores y el abanderamiento de la delegación mexicana que compitió en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026.
Ausencia en las tribunas: El boleto 00001 va para la sierra de Veracruz
Más allá de los protocolos internos con los futbolistas, Claudia Sheinbaum Pardo sorprendió al ámbito político y deportivo al confirmar que no asistirá a ningún partido de la Copa Mundial 2026, declinando su presencia incluso en la Magna Ceremonia de Inauguración que se celebrará en el coloso de Santa Úrsula.
El asiento de honor asignado originalmente a la presidencia fue donado a las causas sociales mediante una convocatoria pública:
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El pase de honor: La mandataria recibió de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el codiciado boleto número 00001 para el juego de apertura.
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El concurso: El Gobierno Federal lanzó la convocatoria nacional “Representa a México en la Inauguración del Mundial”, dirigida a niñas y mujeres jóvenes de entre 16 y 25 años, con el fin de exhibir sus destrezas físicas mediante videos de «dominadas» con el balón.
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La ganadora: La presidenta entregó formalmente el boleto a Yolett Cervantes Cuaquehua, una joven de 21 años de origen indígena y originaria de Tlaquilpa, un municipio ubicado en la zona serrana de las Altas Montañas de Veracruz. Durante la entrega en Palacio Nacional, la joven (quien ostenta un récord personal de hasta 4,000 toques consecutivos al balón) realizó una demostración de sus habilidades totalmente descalza.
Con esta determinación, Sheinbaum se convertirá apenas en la segunda jefa de Estado en la historia contemporánea del futbol en no asistir a la ceremonia de apertura de una Copa del Mundo organizada en su propio suelo, emulando la decisión adoptada por el mandatario francés Albert Lebrun durante la justa mundialista de Francia 1938. Tanto la presidenta como la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, confirmaron que darán seguimiento al torneo desde las pantallas del Fan Fest masivo que se instalará de forma gratuita en el Zócalo Capitalino.






