Keir Starmer presentó este lunes su renuncia como primer ministro del Reino Unido tras perder una votación interna de confianza del Partido Laborista, cerrando un mandato de casi dos años marcado por divisiones internas, protestas sociales y una economía estancada.
El líder laborista comunicó su decisión en la puerta del número 10 de Downing Street, acompañado por su esposa. “Cuando ya no cuentas con el apoyo de tu partido, no puedes seguir gobernando en nombre del país”, dijo con voz firme. Starmer permanecerá como primer ministro en funciones hasta que el Comité Ejecutivo Nacional laborista elija a un sucesor, proceso que deberá concluir antes de la conferencia anual de septiembre.
La caída se precipitó la noche del domingo, cuando 156 diputados laboristas votaron a favor de una moción que exigía un cambio de rumbo económico y de liderazgo, frente a 138 que lo respaldaron. La rebelión creció tras semanas de huelgas en el sector salud, críticas por el manejo de la inflación y el rechazo a su plan de ajuste fiscal. Figuras como la canciller Rachel Reeves y el secretario de Interior, Yvette Cooper, habían retirado su apoyo público el viernes.
El rey Carlos III recibió a Starmer esta mañana en el Palacio de Buckingham para aceptar formalmente la dimisión. Buckingham informó que el monarca pedirá al nuevo líder laborista, una vez elegido, que forme gobierno, al mantener el partido la mayoría en los Comunes tras las elecciones de 2024.
Los nombres que suenan para la sucesión son la viceprimera ministra Angela Rayner, el alcalde de Mánchester Andy Burnham y el secretario de Exteriores David Lammy. Mientras tanto, el líder conservador Kemi Badenoch exigió elecciones anticipadas “para que el pueblo, no los diputados laboristas, decida quién gobierna”.
La libra cayó 0.8% frente al dólar tras el anuncio y el FTSE 100 cerró con una baja de 1.1%, reflejando la incertidumbre política. Bruselas llamó a mantener la estabilidad en la relación post-Brexit.
Starmer, exfiscal general, llegó al poder en julio de 2024 prometiendo “integridad y crecimiento”. Se va como el cuarto primer ministro británico en abandonar el cargo en menos de cinco años, dejando a un Partido Laborista fracturado y a un país a la espera de su siguiente capítulo en Downing Street.






