Después de dos cambios en 15 días, el INE ahora es gris y busca que ya nadie le robe los colores. La consejera Carla Humphrey propuso registrar oficialmente la nueva identidad gráfica del Instituto ante el IMPI para evitar que partidos o movimientos se apropien de ella, como pasó con el rosa mexicano.
«Si bien no se puede registrar un color como propiedad industrial, sí es posible hacerlo con la identidad gráfica», explicó Humphrey.
El vaivén cromático empezó el 9 de septiembre, cuando la Junta General Ejecutiva dejó atrás el histórico rosa cívico —vigente desde 2014 con el IFE— y aprobó un manual con lila y violeta. El argumento fue diferenciar al INE de la Marea Rosa y del partido Somos México que usó ese tono. Pero el lila duró dos semanas: fue criticado por su parecido al color del Gobierno de la CDMX y al partido PAZ.
El 25 de septiembre entró en vigor el segundo rediseño: gris Oxford y gris suave como base, con gris medio, beige, blanco y negro como secundarios. La Junta argumentó imparcialidad total, sin tonos asociados a ningún gobierno o fuerza política.
El cambio alcanzará todo: fachadas de oficinas centrales y 32 juntas locales, módulos de atención, atriles, fondos de prensa, stands, vehículos, plumas, termos y credenciales. El Órgano Interno de Control ya advirtió que el manual de 2014 nunca se modificó formalmente y que no hay cálculo claro del costo de reemplazar mobiliario dos veces en un mes.
Humphrey recordó que ella ya había propuesto registrar la imagen en 2023, pero no prosperó. Ahora insiste en blindarla rumbo al proceso electoral federal 2026-2027, para que la marca INE no vuelva a aparecer en boletas, lonas y playeras partidistas.






