La intervención del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ante la 81ª Asamblea General de la ONU este miércoles 24 de septiembre volvió a estar marcada por el abandono masivo de la sala.
Cuando fue anunciado en el podio, decenas de delegaciones —entre ellas Sudán, Túnez, Líbano, Suiza y otras— se levantaron y salieron en fila entre abucheos, dejando amplias zonas vacías. La Misión Palestina había pedido previamente en una nota circular una salida colectiva como mensaje de que “nadie está dispuesto a ser cómplice de genocidio y ocupación ilegal”.
El presidente de la Asamblea, Annalena Baerbock, tuvo que pedir orden varias veces. Netanyahu respondió desafiante: “Si hay más cobardes morales que se quieran ir de la sala, que lo hagan ahora”. Desde los palcos, simpatizantes con kipás y pines con la bandera de Israel coreaban “Am Israel Jai” y “Bibi, eres la luz de esta habitación”, mientras aplaudían de pie y se tomaban selfies.
En su discurso de unos 40 minutos, Netanyahu negó acusaciones de genocidio en Gaza, defendió la guerra iniciada con Irán en febrero y la destrucción de sus instalaciones nucleares como “una de las decisiones más fáciles” de su carrera, calificó de antisemita al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, por pedir ejecutar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra él por presuntos crímenes de guerra, y atacó a Reino Unido, Francia y Turquía por su postura sobre Palestina.
Fuera de la sede, unas 100 personas fueron detenidas en protestas propalestinas cerca de la ONU. La escena repite lo ocurrido en 2025 y evidencia la fractura diplomática por la ofensiva en Gaza.






