En la grilla local los contrastes hablan más que los discursos, y lo que acabamos de ver deja muy claro quién está dispuesta a arriesgar y a quién se le está complicando terriblemente el panorama para el futuro cercano.
Por un lado, Marybel Villegas aplicó la de ir de frente. Fiel a su estilo de todo o nada, pidió licencia indefinida para dejar su curul y lanzarse al proceso interno de Morena por la coordinación estatal. Se bajó del caballo legislativo para ir a raspar la suela al llano. Habrá que desearle mucha suerte en este nuevo encargo que busca; la va a necesitar en un terreno tan sinuoso, pero al menos ya está en la cancha.
El verdadero contraste —y donde la puerca tuerce el rabo— es con Eugenio «Gino» Segura. Mientras Marybel vacía sus cajones para competir, todo parece indicar que Gino prefiere la comodidad del escaño y seguirá bien calientito en el Senado. No ha pedido licencia ni por error; al contrario, se acaba de amarrar más a la silla en la Ciudad de México al asumir la presidencia de la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional.
Este movimiento solo demuestra cómo se le complica cada día más su proceso para contender por el Partido Verde para coordinar los comités de defensa de la cuarta transformación. ¿Cómo pretende encabezar un movimiento territorial en Quintana Roo si se queda estancado en la alta burocracia de la capital? Entre más cargos acumula en el centro y más claro deja que seguirá en el Senado, más se aleja del suelo caribeño y más pesado se le hace el camino.
Pero en medio de este juego donde unos se aferran al puesto y otras apenas caminan, la verdadera altura política se cuece aparte. Es imposible no acordarse de Rafael Marín Mollinedo, un histórico que está muy por encima de ellos. Rafa Marín demostró su peso y su definición ideológica desde muchísimo antes de que estos nombres siquiera figuraran en el mapa del movimiento; con esa categoría, renunció a su encargo de funcionario desde hace meses para buscar ser el coordinador de los comités y, la verdad sea dicha, les lleva mucha ventaja en el terreno y en la confianza de las bases.
¡Hagan sus apuestas! A ver si da resultados ir a la guerra con la militancia, o si el peso de quedarse amarrado a la silla del Senado termina por hundir las aspiraciones de otros, mientras un verdadero fundador les lleva la delantera.




