Con copal, agua bendita y el eco de la charanga, este domingo fue bendecido el ruedo taurino de Hecelchakán para dar inicio a la primera charlotada con motivo del Día del Padre, una tradición que combina humor, destreza y homenaje a la figura paterna en el Camino Real.
Desde las 11:00 horas, cuadrillas de enmascarados, payasos toreros y malabaristas se congregaron a las puertas del coso artesanal. El párroco de la iglesia de San Francisco de Asís encabezó la ceremonia: recorrió el redondel, roció agua bendita sobre la arena y pidió por la seguridad de los participantes, el respeto al ganado y la sana convivencia de las familias que llenarían los palcos de madera y palma.
“Que esta fiesta sea motivo de alegría, no de tragedia. Que los padres que hoy torean con el corazón regresen con sus hijos tomados de la mano”, expresó antes de dar la bendición final. A su lado, el comité organizador y vaqueros de la región colocaron una cruz de flores de mayo en el burladero principal, símbolo de protección que cada año renuevan los ganaderos locales.
La charlotada, considerada la más esperada de las fiestas ejidales, abrió a las 16:00 horas con el tradicional paseíllo. Niños con globos y mujeres con sombreros de huano ocuparon las gradas mientras sonaba el zapateado y los primeros capotes multicolores. El programa incluyó suertes cómicas, concurso de monta de toretes y la rifa de un becerro donado por criadores de Pomuch, todo bajo la vigilancia de Protección Civil y paramédicos voluntarios.
Autoridades municipales destacaron que el evento busca preservar las costumbres campechanas y ofrecer un espacio de recreación familiar en el marco del Día del Padre. “Es una fiesta hecha por papás y para papás, donde el valor y la risa se heredan”, señaló el alcalde durante el corte de listón.
Tras la bendición, el ruedo quedó listo. Entre aplausos, música de viento y el olor a tierra mojada, Hecelchakán encendió su fiesta: una tarde donde la tradición, la fe y la paternidad se trenzaron en cada lance.






