La espera terminó. Los New York Knicks son campeones de la NBA por primera vez desde 1973 tras vencer 94-90 a los San Antonio Spurs en el Juego 5 y cerrar las Finales 4-1, desatando una celebración que paralizó la Gran Manzana desde Times Square hasta el Bronx.
El sábado 13 de junio, el Frost Bank Center de San Antonio se llenó de camisetas azules y naranjas. Miles de neoyorquinos viajaron 3,000 km para ver a Jalen Brunson firmar 45 puntos —récord de franquicia en Finales— y levantar el tercer anillo de la historia del equipo. La remontada de 16 puntos en el último cuarto fue la cuarta de la serie con desventaja de doble dígito, sello de un equipo que “visualizó tantas veces su muerte que dejó de temerla”.
La fiesta cruzó el Hudson antes que el equipo. Desde el viernes, el Empire State Building y el Madison Square Garden se iluminaron de azul y naranja. El lunes 16, más de 2 millones de personas abarrotaron el “Canyon of Heroes” en Broadway para el desfile. Brunson, MVP de las Finales, encabezó el recorrido en un camión junto a Karl-Anthony Towns, Mikal Bridges, Josh Hart, OG Anunoby y el coach Mike Brown. “Es todo con lo que soñamos. Por eso vine a Nueva York”, dijo Brunson con el trofeo Larry O’Brien en alto.
La ciudad vivió su primer campeonato desde 1973 y el primero en cualquier liga grande desde que los Giants ganaron el Super Bowl en 2012. El alcalde Zohran Mandani declaró el 16 de junio como “Día de los Knicks” y recordó que el equipo también ganó la NBA Cup en diciembre ante estos mismos Spurs, logrando un doblete inédito en la liga.
La temporada cerró con 53 victorias, tercer lugar del Este, y una postemporada donde eliminaron a Hawks, 76ers y Cavaliers antes de vengarse de la derrota de 1999 ante San Antonio. Towns, criado en New Jersey, y el neoyorquino Jose Alvarado resumieron el sentir: “Una colección de nombres que los aficionados recitarán para siempre”.
Hoy, en cada cancha de Rucker Park y en cada bodega, se habla de Brunson, de las 13 victorias seguidas en playoffs y del fin de la “maldición”. Después de 53 años, Nueva York volvió a tocar el cielo del baloncesto.





