Entre caminos de piedra, monte alto y una comunidad que aún conserva buena parte de las tradiciones que dieron identidad al norte de Quintana Roo, los habitantes de Francisco May recibieron con calidez a Rafa Marín. Lejos de los reflectores urbanos de Cancún, ejidatarios, volqueteros y familias de la localidad se reunieron para compartir inquietudes y plantear problemas que, aseguran, llevan años esperando atención.
La reunión transcurrió en un ambiente de confianza y diálogo directo. Sin protocolos rígidos ni grandes escenarios, los asistentes aprovecharon el encuentro para exponer temas relacionados con la tenencia de la tierra, una de las principales preocupaciones de la comunidad. Rafa Marín escuchó los planteamientos y señaló que impulsar el desarrollo comunitario implica una participación directa de quienes tienen un profundo amor por esta tierra.
En una región donde la actividad ejidal sigue siendo parte esencial de la vida comunitaria y donde el trabajo de los volqueteros forma parte del sustento de muchas familias, la conversación giró también en torno a las oportunidades para el campo y la necesidad de que las políticas públicas alcancen a las comunidades más alejadas. El intercambio dejó ver una constante que suele repetirse en las zonas rurales del estado: la exigencia de ser escuchados y considerados en la toma de decisiones que impactan su futuro.
La imagen que quedó al final fue la de una comunidad reunida bajo la sombra de los árboles, conversando sobre sus necesidades cotidianas con alguien a quien identifican como un viejo conocido de la vida pública quintanarroense. En Francisco May, donde las distancias suelen medirse en horas de camino y no en kilómetros, la presencia física y la disposición para escuchar continúan siendo un valor apreciado por quienes viven en esta parte profunda de la Zona Continental de Isla Mujeres.





