Nadia Comaneci regresó a Onesti, su ciudad natal en Rumania, cincuenta años después de aquella hazaña en Montreal 1976 que cambió la gimnasia para siempre. La campeona olímpica pisó de nuevo las calles donde dio sus primeras volteretas, recibida con aplausos, flores y lágrimas de vecinos que la vieron crecer.
El viaje coincidió con el aniversario del “10 perfecto” que logró con apenas 14 años en barras asimétricas. Fue la primera gimnasta en la historia en recibir esa calificación en unos Juegos Olímpicos. Cinco décadas después, Onesti la recibió como a una hija pródiga. El ayuntamiento organizó un homenaje en la sala donde entrenó de niña y descubrió una placa en el gimnasio que hoy lleva su nombre.
“Volver aquí es volver a mis raíces. Todo lo que soy empezó en esta ciudad, en este gimnasio, con mi primer entrenador”, dijo Nadia, visiblemente emocionada. La exgimnasta recorrió su escuela, saludó a excompañeras y convivió con niñas que hoy entrenan soñando con emular su legado.
Durante el acto, autoridades locales destacaron el impacto de Comaneci más allá de las medallas: inspiró generaciones, puso a Rumania en el mapa deportivo mundial y abrió camino para la gimnasia femenina. El alcalde anunció que se creará una beca para jóvenes talentos de Onesti que lleve su nombre.
Nadia, acompañada de su esposo Bart Conner, también visitó la casa donde pasó su infancia. Entre anécdotas recordó los entrenamientos a las 6 de la mañana y la disciplina que la llevó a ganar cinco oros olímpicos en Montreal y Moscú.
El regreso cerró con una exhibición de niñas gimnastas que formaron un “10” humano en la pista. Onesti no solo celebró a su heroína: celebró que cincuenta años después, su historia sigue motivando a nuevas generaciones a creer que lo imposible también se puede puntuar.





