Entre huipiles bordados, alpargatas y el repique de la charanga, decenas de mestizas acompañaron este domingo la procesión del Cristo del Amor por las calles del Centro Histórico, una de las expresiones de religiosidad popular más arraigadas en la capital campechana.
La imagen, de rostro sereno y mirada baja, salió del Santuario Diocesano Mariano a las 18:30 horas, escoltada por charros, escaramuzas y fieles que, con gallardía, recorrieron la calle 59 hasta el malecón. Al frente, mujeres ataviadas con el terno campechano portaban ramos de flores y veladoras, mientras la banda de viento marcaba el paso con “Perchel” y otras marchas tradicionales que definen la esencia de la música procesional.
“Es una devoción que heredamos de nuestras abuelas. El Cristo del Amor nos recuerda el sacrificio y la misericordia, y nosotras lo acompañamos como símbolo de fe y de identidad”, contó doña Carmela Uc, mestiza del barrio de San Francisco, mientras acomodaba las flores de su hipil.
La procesión se realiza cada primer domingo de mayo como parte de los festejos que preparan el jubileo del Cristo Negro de San Román. Durante el recorrido, el párroco Joaquín López Arévalo ofreció una emotiva ceremonia religiosa y destacó que “no hay mejor representación del misterio de ese amor que la imagen del Cristo, tan querido por todos nosotros”.
Al paso del cortejo, niñas vestidas con trajes típicos ofrecieron el bailable de Jicaritas y, en la Plaza de la República, academias de danza presentaron estampas folclóricas de Nuevo León, Sinaloa y Oaxaca, llenando el ambiente de música, colores y tradición.
La charanga, formada por cornetas y tambores, acompañó cada estación con piezas que elevaron la fe a través de la potencia del viento y la percusión. Familias enteras, turistas y fotógrafos se sumaron al contingente que concluyó a las 20:00 horas con la bendición del párroco y la entonación del himno al Cristo del Amor.
“Que no se acopique la fe”, decían los estandartes que encabezaban la marcha. En Campeche, la devoción no se guarda: se viste de hipil, se baila, se canta y se camina bajo el sol de mayo para agradecer y pedir.






