El horno no es el único que quema a los panaderos campechanos. Con temperaturas que esta semana rozaron los 43 °C, la industria panificadora reporta una caída de hasta 30% en producción y ventas, obligando a decenas de negocios a bajar cortinas o reducir jornadas para evitar pérdidas.
“Ya comenzó la temporada de calor y las ventas bajan en el consumo de pan dulce o de repostería. Conchitas, plátanos y panes tradicionales dejan de salir”, explicó Antonio Medina Balam, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canainpa). De 100 piezas de pan dulce que horneaban en invierno, hoy solo sacan 60, mientras que el pan salado se mantiene como único sostén.
El fenómeno se repite cada año entre marzo y agosto, pero este 2026 el termómetro se adelantó. En abril, varios establecimientos ya ajustaron su producción: de 100 bolillos o barras diarias pasaron a 70 para no acumular mercancía que termina dura o en budín. “Cuando no se vende, hacemos pan tostado o biscocho, pero solo recuperamos una parte de la inversión”, reconoció Medina Balam.
El pan francés, la telera y el bolillo, que cuestan entre $2.50 y $9.00 según tamaño e ingredientes, siguen siendo el alimento de desayunos y cenas campechanas. Sin embargo, con el calor los clientes cambian el café y el chocolate por bebidas gasificadas, y el antojo se inclina hacia tortas de jamón y queso en lugar de conchas.
Las panaderías de Ciudad del Carmen reportan un panorama similar: ventas desplomadas 45% por la ola de calor. “No despedimos personal, ajustamos la producción para que nadie se quede sin trabajo, pero está difícil. Para que se venda más pan no basta con que llueva, tiene que refrescar el clima”, señaló Juan Carlos Cruz, panadero carmelita.
El gremio descarta, por ahora, subir precios. La harina se mantiene estable entre $380 y $425 el bulto, aunque la manteca vegetal subió de $850 a $920. Con márgenes reducidos, los panaderos piden a la ciudadanía consumir pan grande y francés de huevo para apoyar la economía local durante las altas temperaturas.
Mientras el termómetro no baje, el aroma del pan recién horneado seguirá mezclándose con el sudor de quienes, a 40 °C, mantienen encendidos los hornos. “Aguantamos, pero que no se acopie: si el calor sigue, muchos compañeros no la van a librar”, advirtió Medina Balam.






