Una nueva serie de ciencia ficción, titulada Roan, está generando debate en plataformas digitales porque sus protagonistas fueron construidos con inteligencia artificial a partir de rostros de usuarios reales de redes sociales, sin que muchos de ellos lo supieran. El proyecto, desarrollado por el estudio independiente NexFrame Labs, se estrenó hace dos semanas en TikTok y YouTube y ya acumula 42 millones de reproducciones.
La trama sigue a una detective que persigue clones digitales creados por una corporación que “cosecha” rasgos faciales de millones de perfiles públicos. Lo inquietante es el proceso de producción: el equipo entrenó un modelo generativo con más de 300 mil fotografías descargadas de Instagram, X y Facebook mediante scraping de cuentas públicas. Luego, la IA combinó ojos, narices y gestos para diseñar a los 14 personajes principales. “Ninguno es 100% real, pero todos tienen algo de alguien”, explicó Sofía Armenta, directora creativa.
El hallazgo lo hizo el ingeniero español Javier Llopis, quien identificó en el tráiler la forma de sus cejas y una cicatriz en el pómulo derecho. Tras su denuncia en X, decenas de usuarios reconocieron detalles similares. Abogados especializados en propiedad intelectual advierten que, aunque las imágenes sean públicas, usar rasgos biométricos para entrenar modelos comerciales puede violar derechos de imagen en México, la Unión Europea y Brasil.
NexFrame se defiende: “Tomamos datos públicos y el resultado es sintético. No usamos el rostro completo de nadie”, dijo el CEO, Emiliano Kuri. Sin embargo, el INAI ya abrió un expediente para determinar si hubo tratamiento indebido de datos personales. La Comisión Europea, por su parte, analiza si la serie incumple el nuevo Reglamento de IA, que exige consentimiento explícito para generar deepfakes con fines de entretenimiento.
Mientras la polémica crece, Roan anunció segunda temporada y un casting “colaborativo”: usuarios podrán subir su selfie para que la IA los integre como extras, esta vez firmando un aviso de consentimiento. Críticos de tecnología señalan que el caso abre la discusión sobre quién es dueño de una cara cuando la IA la fragmenta y remezcla.
El episodio reaviva la pregunta que recorre foros y congresos: si tu rostro está en internet, ¿puede convertirse en protagonista de una serie sin que lo sepas?






